La Europa de una velocidad

Abril 18, 2007 at 6:34 pm | In Europa | No Comments

Siempre se ha hablado de que existen dos Europas dentro de la UE, la Europa de las dos velocidades.

En realidad, y como pone de manifiesto el acelerado y cambiante contexto internacional, existen sólo una velocidad para Europa: excesivamente lenta.

En un mundo en constante cambio, que pone obstáculos y oportunidades por igual en el camino de individuos, naciones, empresas e instituciones, los cambios se están produciendo a una velocidad pasmosa. En cuestión de años, una nación como china se torna en el tercer país más poderoso económicamente del mundo, al tiempo que lanza astronautas (taikonautas) superando a la Unión Europea.

Estados Unidos lanza una doctrina unilateral de su visión del mundo, para adaptarla a las reacciones en menos de dos años, mientras que Europa en ese tiempo no ha conseguido desbloquear el debate de su Constitución.  Antes de darnos cuenta, mientras aquí debatimos por fronteras, independencias vanas y fatuas, y estatutos, llevando la política a un estancamiento nada práctico, los USA anuncian una nueva doctrina espacial destinada a acaparar los recursos del espacio para ellos, y negárselos a sus rivales.
Corea del Norte posee armas nucleares, e Irán está en camino de tenerlas. Rusia amenaza por segundo año consecutivo a sus ex repúblicas con cortes que afectarán a Europa, y mientras un movimiento político antioccidental se levanta en los países islámicos y en Latinoamérica.
El Cambio Climático ya sólo es negado por las empresas que serían perjudicadas por las soluciones que deberían impulsarse para paliarlo, y por los científicos a sueldo de ellas. La extinción de especies es mil veces más rápida que el ritmo natural, y Alaska, el Ártico, Groenlandia, el Amazonas y la Antártida se encuentran en grave peligro de desaparecer, con las irremisibles consecuencias que tendría.
Y mientras, en Europa sigue enfangada en diálogos, debates, burocracias, directivas y políticas de varios niveles.
Yo siempre he visto a Europa como un faro en el mundo. Un territorio de razón, pero también de sentimiento, un lugar de progreso, pero también de respeto ambiental, una fuente de innovación, pero con un profundo sentido de la Historia, con mayúscula.
Y así sigue siendo.
Pero si queremos que siga así, debemos mirar al futuro, no sólo centrarnos en el presente, y darnos cuenta de los terribles desafíos, y las magníficas oportunidades que nos surgen al paso.
Los modelos anteriores, que garantizaron el Estado del Bienestar, el mayor tesoro de los europeos, no sirven para sostenerlo, y mucho  menos para ampliarlo, como es nuestra obligación igual que hicieron nuestros padres.
El mundo está cambiando a tal velocidad que las políticas de integración que hemos seguido hasta ahora, las economías de escala derivadas de ella, ya no garantizan prosperidad económica. La seguridad jurídica y legal, que atrae inversión y crecimiento, se ve entorpecida por directivas onerosas de cumplir, lo que se une al grave problema que la industria está encontrando en la deslocalización.
Aferrarnos a una agricultura proteccionista, cerrar fronteras, fomentar únicamente la construcción, conllevarán en breve una pérdida de competitividad que pondrán en peligro el Estado del Bienestar.
El Estado, los estados europeos, las instituciones nacionales, comunitarias y locales, deben recoger el guante, y preparar a Europa para poder aprovechar las oportunidades y sortear los obstáculos que el mundo ponga en el camino de este “Nuevo estado” que estamos construyendo.
Y debemos hacerlo de varias formas.
Respetando lo que somos, y lo que fuimos, pero sabiendo lo que queremos ser.
Colaborando con nuestros aliados, y tendiendo la mano a quienes no se consideran como tales, pero que, en el fondo, persiguen los mismos fines que nosotros. La erradicación de la pobreza, la estabilidad mundial, el plurilateralismo y el “fin de todos los miedos”.
Debemos comprender, cada uno de nosotros como europeos, y como ciudadanos del mundo, que para mejorar este mundo debemos mejorar nuestra propia casa. No podemos ayudar a los demás si no podemos ayudarnos a nosotros.
¿Se imaginan qué pasaría si de verdad Europa fuese la primera potencia mundial, y enfocase su riqueza, sus conocimientos y sus esfuerzos a crear una verdadera Paz Mundial? ¿Sería posible ver una Pax Europea que se extendiese en todas las áreas de influencia de la UE, basada en la cooperación, la igualdad, el crecimiento, el respeto cultura y medioambiental?
Para ser esa potencia, o una de ellas (no olvidemos que n estamos quedando atrás y europa cada vez tiene menos que decir en el contexto internacional), debemos tener claro cómo conseguirlo. Ese camino no pasa por proteger la agricultura, ni por la minería, ni siquiera por la industria.
Si debemos asegurar la creación de riqueza, el auge de una influencia benigna y bien entendida en el mundo, y programas de erradicación de la pobreza y de corrección de los problemas que causará el Cambio climático, debemos hacerlo creando una economía y unos estados modernos, ágiles y preparados.
Apostando por economías basadas en el conocimiento, en la innovación y la ciencia, no en mano de obra barata, ni en energías fósiles (a pesar de las presiones de la industria petrolera y energética, y de la enorme inercia que llevamos).
Porque no nos engañemos, si existe una fuente de riqueza que va a cambiar el mundo, y puede salvarlo (o destruirlo) es la ciencia y la tecnología.
Ya no se puede hablar de una vuelta a lo básico, a lo natural, sin mirar a los dos o tres mil millones de personas que en China, India y otros países emergentes, que quieren eso mismo que tenemos nosotros, con todo el derecho del mundo. La incorporación de tres mil millones de consumidores a los circuitos de comercio, consumo y producción mundiales terminará por destruir nuestro planeta, pero antes, dejará a Europa fuera de juego a menos que nos preparemos para estar a la altura.
Relegar nuestro papel a un mercado interior es imposible, reducir nuestra influencia exterior es un suicidio. El Estdo debe modernizarse para, sin perder su poder, favorecer los cambios industriales, innovadores, científicos y medioambientales que marquen un camino para Europa.
Y eso pasa por hacer las cosas con mayor rapidez, con más seguridad de procesos clave, aprovechando el ingente capital humano y tecnológico que poseemos, así como los recursos que hemos ido acumulando durante años, y que, de seguir consumiendo como lo hacemos ahora, se agotarán, como se agoto la riqueza y el poder de Roma.
Europa es buena en telecomunicaciones, en industria aeroespacial, en física y química, pero debemos abrir las puertas a nuevas ciencias al tiempo que reforzamos aquellas en los que somos líderes o estamos en cabeza.
¿Podemos permitirnos perder el tren de la nanotecnología, de la biotecnología, de la inteligencia artificial, de la robótica, de las energías renovables?
Contestad una sola vez que sí podemos darnos ese lujo, y estaremos poniendo un calvo en el ataúd del Estado del Bienestar.
No se trata de ser los mejores en todo, ojalá, pero sí se trata de ser buenos en cada área, y descubrir donde somos los mejores, encontrar nuestras ventajas competitivas como naciones, como área económica y como Estado supranacional. Y desarrollarlas.
Repito, recalco más bien, que eso pasa por empezar desde hoy mismo (y ya llegamos tarde) a potenciar la rapidez en la toma de decisiones, a desarrollar nuestros centros científicos, a mejorar la innovación de nuestras universidades y empresas, a garantizar el buen término de nuestros proyectos comunes, y a mirar nuevos horizontes científicos, económicos y sociales que abran las puertas que Europa sea lo que tiene que ser.
Un punto de referencia mundial que no pueda ser dejado de lado a la hora de construir un mundo más justo, más sostenible y más rico.

Nuevas Teorías de la redistribución de la Riqueza

Abril 18, 2007 at 6:33 pm | In General | No Comments

Uno de los primeros artículos que escribí para Socialdemocracia, quizás uno de los más polémicos,  se llamaba “Soy accionista de una empresa”.

En él hablaba de cómo todos y cada uno de nosotros, los ciudadanos, somos dueños de los bienes del Estado y, en cierta forma, somos los accionistas de la mayor empresa de cada nación.


En dicho artículo entré en uno de los pilares de la riqueza de nuestras sociedades, el Estado. Sin embargo, concibo la riqueza de nuestras sociedades como un conjunto de cuatro subconjuntos.

El primero, la empresa, gran paradigma de la creación de valor para los  liberales. En segundo, el Estado. La aceptación y la confianza en uno o en otro, y en cada uno de los grados y combinaciones intermedios,  marcan el posicionamiento que va desde el comunismo hasta el liberalismo a ultranza, pasando por la socialdemocracia, y todas las posturas intermedias.

Existen, desde luego, ideologías que van más allá, o que se salen del ámbito de empresas y estados para poner el énfasis en diferentes puntos de vista, el medioambiental (ecologismo), el individuo (anarquismo), etc.

Existe todo un universo de riqueza fuera de los dos subconjuntos representados por el Estado y las empresas.  Estos son el ciudadano particular y la riqueza libre (de la comunidad).

Tradicionalmente, el liberalismo ha intentado apropiarse del primero, alegando que su lucha en pro del mercado es para favorecer al individuo. En el mundo actual, no hay nada más lejos de la realidad. Las grandes empresas, propiedad, efectivamente, de unos individuos, han establecido las normas del juego de la creación y el reparto de la riqueza en su propio beneficio.

Así, donde la lucha por la libertad del individuo es un ideal por el que merece la pena luchar, el liberalismo actual ha degenerado hasta el punto de haber traicionado sus propios  fundamentos, dejando al Estado el deber de luchar por  los derechos de los individuos.

La creación de riqueza, como hemos dicho, va más allá de los bienes y servicios que las empresas y el Estado pueden producir.

El poder de los individuos particulares (excepto el de una minoría elitista y encumbrada) va disminuyendo en proporción al incremento que sufre el poder y la riqueza de las empresas y corporaciones mundiales. Así, cuando se habla de redistribución de la riqueza la gente suele pensar en una redistribución en sentido contrario al que se está produciendo en la actualidad. Es decir, donde se esperaban un mayor poder de los ciudadanos, y un trasvase de riqueza de los ricos a los pobres, se produce el efecto contrario, los ricos son cada día más ricos, y los pobres, en comparación, cada día más pobres.

Existen infinidad de estadísticas que los liberales arrojan a los cuatro vientos para “demostrar” que, a pesar de este aumento del poder de las corporaciones y sus dueños, la pobreza ha disminuido en el mundo. E inmediatamente se ponen todas las medallas por ello.

Sin entrar a discutir ni si ese medallero autoasignado es erróneo, ni si es cierto que la riqueza general aumenta (basta echar un vistazo a los índices de sostenibilidad y a las mediciones de la riqueza basadas en el bienestar y no en el PIB para comprender que esa “verdad” no es tan cierta en una gran parte de la población). Es cierto que el individuo cada día es más débil en comparación con las empresas.

Por ello, en la lucha por devolver parte del poder perdido a los individuos, debemos actuar en los otros tres pilares de la creación de la riqueza que no están en poder de éstas.

Así, además de la lucha por aumentar la riqueza de los estados que propugnaba en el mencionado artículo, debemos encontrar formas de fortalecer los pilares de la riqueza del individuo (la gran mayoría de la población) y  la riqueza libre (que no pertenece a nadie, ni empresas, ni estados ni individuos).

En el caso de los individuos, ya comentamos su papel como prosumidores (Alvin Toffler), y la riqueza que cada uno de nosotros generamos para la sociedad y para nosotros mismos. Diseño de webs, artículos, bricolaje, etc.

Las nuevas tecnologías, de la información, de la vida (biotecnología), de lo pequeño (nanotecnología) y la inteligencia artificial y robótica, prometen poner al alcance del individuo sistemas de creación de valor, de producción, que hasta ahora están en manos de las empresas.

Es nuestro deber difundir estos sistemas, aumentar su seguridad, su fiabilidad, y su alcance.

Las tecnologías de computación grid, en la actualidad, permiten a quienes deseen prestar (regalar más bien) la potencia de cálculo de sus ordenadores personales a diferentes proyectos empresariales, estatales o internacionales.

A medida que aumente el número y la variedad de proyectos  de este tipo, los ciudadanos podrán afinar más sus deseos, acercando a sus necesidades sus decisiones, y democratizando incluso estas tareas.

A medida que se incremente el desarrollo de la nanotecnología, o la inteligencia artificial, el poder de los individuos crecerá hasta poder desafiar el de las empresas en casos muy concretos.

No es de extrañar, por lo tanto, que existan numerosos lobies empresariales que traten de limitar el acceso a las nuevas tecnologías y a sus aplicaciones  por parte de los ciudadanos, reduciendo su papel al de meros consumidores.

En el caso de la riqueza libre, estos es, la que no pertenece a nadie, y está a disposición de todos, podemos citar un variado número de ejemplos, el aire que respiramos, los océanos, la riqueza volcada en Internet bajo las licencias de uso abierto o libre, los libros “libres”, etc.

Así, cuando alguien planta un árbol en una sierra o un parque natural, está aumentando la riqueza del Estado, pero también la riqueza que no pertenece a nadie, o que nos pertenece a todos, a través de la absorción del CO2 que realizará. De la misma forma, instalar un sistema de energía solar para uso térmico, no sólo incrementa el poder productor del individuo sino que reduce el empobrecimiento global a causa del efecto invernadero. O cuando alguien “cuelga” un artículo en Internet, o postea en un foro o un blog, está aumentando la riqueza cultural de nuestras sociedades.

La riqueza de los ciudadanos depende de cada uno de estas tres patas de la creación de valor: el Estado, el individuo y la riqueza libre. Evidentemente las tres se mezclan entre ellas y con la producción de las empresas, alimentándose, y retroalimentándose y conformando la sociedad como la conocemos.

Por último, si queremos retomar la iniciativa en el debate de la creación de riqueza, debemos superar los paradigmas monetarios impuestos por el neoliberalismo, llevándolos más allá, incluyendo todo lo que “ellos” dejan fuera, medioambiente, bienestar social, etc.  Debemos crear nuevos sistemas de riqueza basados en el individuo, y evitar que el liberalismo se arrogue todos los derechos a defender al individuo.

Dar más o menos poder a cada una de las patas de la creación de la riqueza  es tarea de todos, y conforma el tipo de sociedad que queremos crear en el futuro.

Soy accionista de una empresa

Abril 18, 2007 at 6:31 pm | In General | No Comments

Sí, tengo suerte, porque soy propietario de acciones de una empresa. Y es una de las mayores empresas del mundo. Esta empresa se llama Estado. El Estado es la empresa de todos, mal que les pese a los líderes de algunas empresas privadas, pues el Estado es lo único que impide que el liberalismo salvaje haga y deshaga con nuestras vidas lo que les plazca.

Como propietarios de esta empresa, es deber de todos los ciudadanos en enriquecerla, y trabajar por su buen funcionamiento. Pensémoslo bien.

Cada uno de nosotros es propietario de monumentos, carreteras, hospitales, edificios oficiales, barcos, aviones, autobuses, infraestructuras, bibliotecas, televisiones, emisoras de radio, etc.

No comprendo la actitud de algunos ciudadanos que destrozan las infraestructuras que son de su propiedad. No comprendo la actitud de quienes critican al Estado, exigiendo su desaparición. Puedo entender y apoyo a quienes exigen que el dinero se use bien, de forma más eficiente.

Todos los ciudadanos tenemos derecho a exigir que los funcionarios sean más eficientes, como empleados nuestros, y que los presupuestos del Estado sean más eficaces y que nos mejoren la vida.

Es nuestro dinero.

Sin embargo, el ciudadano de la calle no debe desvincularse de la tarea de crear Estado, de ampliar nuestra riqueza común. Proteger el medio ambiente, donar libros a las bibliotecas, cuidar los transportes públicos, la limpieza de nuestros parques y nuestras calles, reciclar.

Cuando paseamos por las calles, los ciudadanos de a pie debemos comprender que son nuestras, no de un organismo extraño que nos da el derecho de transitar por ellas. Cuando entramos en un museo, y pagamos una pequeña cuota, sabemos que estamos pagando por mantener algo nuestro. Cada obra de arte del Museo del Prado, es mantenida con dinero nuestro. Cada expedición que parte a ayudar en el terremoto de Pakistán, en Haití, en Bosnia, o Kosovo, son esfuerzos que cada uno de nosotros hacemos por mejorar este mundo, y ayudar a los más pobres.

Lo mismo ocurre en Italia, en Japón, en China, en Estados Unidos, en Francia, en todo el mundo.

Por eso, aquellos que abogan porque el Estado se reduzca a su mínima expresión, suelen ser aquellas personas, lobies o empresas que tendrían mucho más que ganar si no existiese un poder que se les opusiese.

Por eso quienes más necesitan del Estado no ya para enriquecerse, sino simplemente para sobrevivir, prefieren un Estado fuerte que les proteja y que defienda sus derechos. Nuestro deber como ciudadanos no es sólo defender nuestro patrimonio común, sino aumentarlo, cuidarlo y enriquecerlo. Y conseguir que su eficiencia se equipare con la de las empresas privadas, pues los servicios que nos presta deben de ser competitivos.

Considero que es un deber de todos los funcionarios mejorar el sistema de servicios que el Estado gestiona, desde la televisión a los trámites administrativos. Desde el sistema sanitario hasta la protección ciudadana y la defensa común.

Es más, este deber no es algo que corresponda ya sólo a los bienes del Estado de nuestra Nación, sino que al ser parte de un todo mayor como es Europa, debemos velar por el enriquecimiento y el buen funcionamiento de nuestras instituciones comunes, y de todos los países de Europa, y me atrevería a decir que del mundo.

Pero la relación de Europa y la Izquierda, y cómo ambas se identifican, es tema para otro día.

La evolución de la Educación.

Abril 18, 2007 at 6:30 pm | In General | No Comments

Corren tiempos duros para todo el mundo. Instituciones como la familia, el Gobierno, la empresa, la Iglesia, se enfrentan a cambios en el mundo y en la sociedad impulsados por los veloces cambios que estamos experimentando a nivel global.
Crisis energética, la explosión de Internet, expansionismo militar y religioso en numerosos países, desastres medioambientales, una profunda crisis de valores, el auge de Asia y el declive de Europa… son sólo unos cuantos ejemplos que hacen que, sumados, el ser humano se enfrente a cambios que ninguna institución podrá manejar de continuar con los mismos esquemas de pensamiento con el que fueron ideadas. La educación no es una excepción.

Uno de los mayores desafíos al que se enfrentan las instituciones mundiales, y las europeas y españolas no son una excepción, es el lograr adaptar la educación a los cambios sociales, tecnológicos y económicos que estamos sufriendo.

Mantener colegios, escuelas, institutos, universidades y centros de posgrado que no estén adaptados a los tiempos supondrá, sin lugar a dudas, un retraso considerable en la adaptación al nuevo mundo en el que ya nos encontramos inmersos.

En fin del aprendizaje memorístico.
Tradicionalmente, las escuelas y colegios han compartido un modelo común, basado en las clases por edades, y en una serie de programas comunes en asignatura comunes.
Este modelo, si bien dio como resultado la difusión universal de la educación infantil, y la alfabetización de casi toda la población joven europea se encuentra ahora en una crisis que no se le escapa a casi nadie.
Esto, unido a la pérdida de valores que nuestra sociedad está imprimiendo en nuestros jóvenes y niños, está llevando una situación de abandono de las aulas, y a una glorificación del mal comportamiento y de la falta de esfuerzo.
Es por ello necesario, que tanto el estado, como las comunidades autónomas, como las instituciones europeas, comiencen a plantearse qué cambios son necesarios para corregir esta tendencia creciente y extendida.
Y es necesario por varios motivos. Dos de los más importantes son garantizar un futuro a nuestros hijos, del que ellos deben formar parte, y la imperativa necesidad de conseguir una generación de trabajadores, empresarios, ingenieros , artistas, etc. adaptada a un mundo cada vez más competitivo y cada día más duro.
Por su bien, y por el nuestro, las instituciones públicas deben encontrar el camino para reformar el sistema educativo.
Y algunos autores han dado ya algunas pistas de por dónde deben ir estos cambios.
Crear clases que no estén agrupadas en función de la edad, sino de la capacidad e intereses, lo cual pasa por una medición de sus aptitudes y en una toma de conciencia de que los mismos niños, a medida que crecen, deben ir tomando las decisiones sobre hacia donde quieren dirigir sus vidas, aconsejados por expertos, padres y toda la amplia variedad de fuentes que Internet nos ofrece.
Porque Internet misma, ha cambiado la forma en la que los ciudadanos interactuamos con el medio, y con la sociedad, y esto no es más cierto que en nuestras generaciones más jóvenes.
¿De qué sirve un sistema educativo – preguntan Alvin y Heidi Toffler – en un mundo en el que el conocimiento de toda la Humanidad puede estar al alcance de unos pocos clicks de ratón? Seguir manteniendo a los niños inmersos en un sistema de aprendizaje basado en la memorización es un grave error, que muchos de nosotros hemos sufrido en nuestras propias carnes.
En su lugar, los programas educativos deben potenciar la exploración del mundo por parte de los propios niños, haciendo que ellos mismos se eduquen en función de sus intereses y capacidades, mediante la guía de un profesor y tutores especializados, que les ayuden a solventar los problemas que se les planteen, que serán muchos.
Pero este sistema, que educará en la superación, y en la autoformación, que reforzará las capacidades de razonamiento, educará el pensamiento, y fortalecerá capacidades como la empatía, la curiosidad, y el desarrollo, permitirá a nuestros niños conocer el mundo de formas que nosotros sólo hemos soñado, con una profundidad que aprovechará su insaciable curiosidad para mostrarles lo que pueden hacer, y ayudándoles a que lo logren.

Internet y la red del conocimiento
La educación, así mismo, debe basar su evolución en la herramienta más poderosa de la que las nuevas tecnologías nos han dotado para conocer el mundo, y cambiarlo. Internet y los ordenadores. El mundo del futuro pasa por un dominio de las nuevas tecnologías, no sólo de computación, sino en áreas como las ciencias de la vida, las sociales, etc.
Relegar el papel y el alcance de las escuelas a cuatro o cinco libros de texto, y un par de novelas o libros de poesía por curso es poner a los colegios en seria desventaja a la hora de influir en la educación e los niños frente a Internet, las televisiones, los videojuegos o los teléfonos móviles. Con el agravante de que las clases son mucho más aburridas y que estos últimos tratan a los niños como lo que quieren ser, adultos de pleno derecho.
Es necesario introducir Internet en las aulas, no como una asignatura, sino como el pilar fundamental de la educación. Como un elemento imprescindible que, guiado por los adultos y profesores, sirva al niño para acceder a la mayor base de conocimiento de la historia de la humanidad, y para responder a las preguntas que sus propias mentes elaboren.

Los nuevos tipos de educación
Escuchaba el otro día en la radio el caso de unas familias que han decidido educar a sus niños en casa. Con lo que eso significa de dar la espalda a un sistema público cada vez más viciado e ineficaz. En el futuro, serán las propias familias, en consenso con los propios niños, quienes les guíen en su camino para aprender cómo sobrevivir en esta sociedad, y como triunfar en ella en las áreas y actividades que habrán elegido.
Esto pasa por numerosos problemas, claro, el menor de los cuales no es el rechazo de algunos profesores temerosos de los cambios, o la falta de amor al esfuerzo, enseñados en la mayoría de los hogares. Pero no termina aquí la evolución educativa fuera de la escuela. Es importante comprender los cambios demográficos y geográficos que la inmigración y la propia red de redes están planteado.
La abolición de facto de fronteras, la supresión del espacio y las distancias, permiten ampliar los programas culturales y los planes de estudio para que se creen lazos de colaboración entre escuelas de todo el mundo. ¿Por qué no hacer la clase de inglés mediante videoconferencias individuales a través de Internet con escuelas inglesas que estén dando una clase de castellano? ¿Por qué no crear programas conjuntos con escuelas de países en desarrollo que muestren a los niños europeos a un nivel práctico cosas como la diversidad cultural, el medioambiente, la geografía, etc.? ¿Y que sirvan al tiempo para que los niños de los inmigrantes puedan ampliar si visión del mundo también? ¿O que esos mismos niños permitan a los jóvenes de países de Latinoamérica, África o Asia acceder a un sistema de aprendizaje mutuo que les eduque no sólo formativamente, sino en una nueva conciencia de solidaridad?

La Universidad y el posgrado
La educación superior también debe adaptarse a los cambios, mediante una apuesta por la unión de Universidad y empresa, y la abolición de muchas asignaturas inútiles.
Una de las cosas que recuerdo de mi paso por la universidad eran las asignaturas memorísticas. Si una persona, de verdad siente curiosidad e interés por esa área, debe poder acceder a todos los conocimientos disponibles sobre ella, pero obligar a su estudio, cuando este es en la práctica totalmente accesorio, no tiene ningún sentido.
Es cierto que la Universidad sirve de escaparate a las empresas para marcar a aquellos estudiantes con esfuerzo de superación en determinadas áreas, pero eso no cambiaría con un cambio radical en los planes de estudio. Al contrario, fortalecería esta tarea, pues una empresa que buscase un financiero, un ingeniero, o un abogado sabría que ha recibido mucha más información práctica, y que no habría realizado asignaturas que no aportan valor a su formación.
Con un simple vistazo al expediente académico, una empresa podría conocer los intereses y capacidades de un futuro empleado, sine enfrentarse a sistemas masificados que uniformizan a las personas que, en esencia, somos distintas.
De la misma forma, Masters y cursos de posgrado deberían permitir a los alumnos hacerse su propio programa de una base de datos de asignaturas a elegir. Dar mayor autonomía a los planes de estudio personalizados, e incluso permitir las prácticas en áreas o empresas que pudiesen tener interés para la formación, para dar una visión más global, o para desarrollar el pensamiento paralelo.

El post-postgrado
El ser humano, y en mayor medida las sociedades occidentales, se enfrentan a cambios generacionales, demográficos y en la esperanza de vida que llevarán a un necesario cambio en el período de vida laboral de sus ciudadanos. Con esperanzas de vida más altas, será necesario incentivar que éstos creen mayor cantidad de riqueza, y que lo hagan durante mayor tiempo, para sostener el estado del bienestar. Eso requiere a su vez formación y educación para los mismos trabajadores por dos cuestiones básicas. La primera, para adaptar al trabajador y a los mismos empresarios a los cambios económicos y tecnológicos. Y lo segundo, para permitir que esta creación de riqueza trascienda el ámbito laboral tradicional, y se centre más en la aportación individual que cada persona desea hacer.
Es decir, la riqueza debe crearse no sólo en las empresas, sino que los mismos ciudadanos deben poder cambiar su vida laboral, reenfocándola hacia sus intereses, o hacia otras profesiones. El motivo es muy simple, alargar el período de vida laboral sin permitir que esta transcurra de una manera más acorde con los intereses personales es el camino más directo hacia una crisis social.
Por ello, la educación debe ser comprendida, e interpretada, como un largo camino que estará presente en toda la vida de cada persona, ayudándole en cada momento a conseguir sus metas, al tiempo que nos ayuda a afrontar los cambios que se están produciendo en el mundo, y sobre todo, a dirigirlos.

Problemas y obstáculos

No es fácil, y requiere un esfuerzo social por parte de gobiernos y familias. Educar en el respeto a los demás, y en el valor del esfuerzo es una asignatura que debe recaer no sólo en los profesores, sino también en los padres y hermanos.
Nos espera una tarea difícil, adaptar todo un sistema social y económico a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías. Y eso pasa por cambiar el sistema educativo.
El premio es visible a pocos años vista. Un crecimiento económico brillante, respetuoso con el medioambiente, sociedades más ricas y diversas, clases sociales más preparadas y personas más felices y capaces de afrontar cualquier cambio que el mundo nos depare.
La educación de nuestros hijos no es un lujo, es una necesidad que parte del respeto a estos mismos niños.

La riqueza de los ciudadanos

Abril 18, 2007 at 6:27 pm | In General | No Comments

Siempre, o casi siempre, mejor dicho desde que estudiaba en la universidad, he admirado a Alvin Toffler (y su mujer Heidi). Este escritor, sociólogo, economista sin título, pero sobre todo futurólogo, da sopas con hondas a especialistas de todas las áreas por su presciente clarividencia y su visión nítida y anticipadora de por qué derroteros va a ir el destino de nuestra sociedad.

Desde que escribió el Shock del futuro, y La Tercera Ola, es admirado por muchos, como precursor del pensamiento del cambio. Otros muchos gurús le han seguido Tom Peters, Guy Kawasaky, Gary Hamel. Pero sin duda, el fue el primero y el mejor.

Ahora llega un nuevo libro suyo, La Revolución de la riqueza, que habla de nuevos paradigmas socioeconómicos, de nuevas tecnologías, de una nueva forma de trabajo y de onsumir, el prosumismo, y profundiza en los fundamentos del término que él acuñó, La Tercera Ola, en cuyos inicios que nos hayamos inmersos.

Derechas e izquierdas, liberales y socialdemócratas han intentado acercar su discurso a las percepciones de Toffler, tanto en el ámbito empresarial como político.

Feroz crítico de los representantes del “anticambio”, Toffler no puede ni debe ser enclavado en una ideología particular, a mi modo de ver, pues representa una fuente ideológica única en si mismo.

En su último libro, habla de un concepto como el prosumismo, que es la riqueza que se genera al margen de los movimientos económicos medibles.

El cuidado de los enfermos, las aficiones de las personas, el conocimiento masivo que cada día los ciudadanos vuelcan en Internet, la evolución y el cambio que éstos traen de la mano. Todos ellos ejemplos de una economía que se superpone y que se va imponiendo a la economía de PIB´s, porcentajes de incremento de beneficios, ratios de ventas y rentabilidades.

Ideas muy interesantes que me han dado que pensar, y gracias a las que he reforzado algunas de mis ideas sobre el futuro que nos espera.

En un mundo donde la riqueza puede crecer exponencialmente, y nuestro acceso a ella también, ideas como el nacionalismo centralista, o la acumulación de bienes materiales, verán como su significado queda relegado a un segundo plano ante la avalancha de cambios que interconectará a los ciudadanos del mundo, y nos convertirá a todos en nuestra propia patria y en patria de los demás.

Veremos cómo poco a poco, la riqueza generada irá calando, haciendo que instituciones arcaicas (estatales o privadas) vayan perdiendo su influencia y su lugar, hasta llegar a un punto de no retorno en el que el dinero y la riqueza no serán lo que marque el destino de la Humanidad, sino algo accesorio de puro abundante. En el que los ciudadanos verán cómo las empresas y los Estados adquieren más poder sobre ellos, para de repente, colapsarse ante los nuevos paradigmas que ellos mismos han creado, y dar paso a un sistema en el que no habrá líderes ni jefes, y donde el único valor será el de las emociones, los sentimientos y la exploración del mundo y el cosmos. Pero me estoy adelantando mucho.

Uno de mis primeros artículos, en este lugar privilegiado en el que somos más quienes lanzamos ideas renovadoras, trató sobre mi concepto del sector público. En este artículo, fuertemente criticado por quienes no entienden la riqueza sino como algo que pueden poseer, usar a su antojo, destruir o vender, decía que me consideraba uno entre muchos millones de accionistas del Estado.

Que cada uno de nosotros tiene el deber, y cada día más la necesidad, de conservar los bienes y la funcionalidad del mismo.

Aplicando a esta idea el concepto de prosumismo, cada uno de nosotros puede, de forma libre, enriquecer el mundo que nos rodea. Aumentar la riqueza colectiva en nuestras ciudades, en nuestros pueblos.

¿Ejemplos de ello? Muchos, mantener la calles limpias no ensuciando, reciclar, conservar el mobiliario urbano, pero también crear asociaciones culturales, cursos de cualquier tipo con los que llevar nuestras aficiones a un nuevo nivel, crear contenidos gratuitos para Internet.

Demostrar, en definitiva, que no sólo el dinero mueve a los ciudadanos del mundo. Que, en un mundo donde todo cambia, donde todas las instituciones pierden parte de su importancia, y muchas de ellas, antes referentes, están evolucionando, como la familia, la religión, la universidad. Demostrar que en un mundo así, los representantes del inmovilismo no van a lograr impedir que el pueblo, que la gente, que cada individuo, cada persona, alcance su máximo potencial.

Por el bien de la Humanidad, porque todos nos necesitamos, unos a otros. Necesitamos nuestro potencial, nuestros conocimientos, nuestro apoyo mutuo y nuestra solidaridad.

Ante el todo vale para triunfar, el sólo importo yo y lo que siento, la izquierda y el pueblo debe alzar una voz que diga claramente que no. Que no queremos doblegarnos ante quienes nos consideran meros organismos trabajadores-consumidores, ante quienes nos quieren reducir a un número, a un DNI.

Ese es el reto de la izquierda contemporánea. Demostrar que es capaz de crear riqueza, y que esto no significa anular la individualidad del ciudadano. Sino todo lo contrario. El pensamiento de izquierda debe encontrar el camino que permita que cada uno de nosotros pasemos de ser meros trabajadores a productores de riqueza, que pasemos de ser consumidores aborregados a ser individuos realizados, que valoren las experiencias, pero también su capacidad de crear.

En definitiva, que cada uno de nosotros pueda hacer lo que quiera para contribuir a la solidaridad y al bienestar común, y al tiempo, disfrutar de un Estado del Bienestar creado entre todos, cuidado por el Estado y alimentado por la creatividad y los valores de cada uno de los ciudadanos.

Alianza de Civilizaciones

Abril 15, 2007 at 7:14 pm | In General | No Comments

Quiero hacer un pequeño artículo personal, lejos de críticas políticas y de sugerencias de ningún tipo.

Sólo quiero explicar lo que es para mí el la alianza de Civilizaciones, y lo que significa.

Pido un poco de indulgencia, y algo de apertura de mentes para comprenderlo, es un punto de vista, pero si se analiza y se trabaja por él, vemos que deja de ser una utopía, y se convierte en una realidad.

Lo primero que hay que decir es que para que exista una alianza de civilizaciones deben darse dos condiciones imprescindibles.

La primera, un respeto absoluto por otras culturas y creencias. Es fácil entender que ese respeto nace de una idea tan simple como reconocer que mi libertad personal (y como sociedad) termina donde empieza la tuya.

Yo no puedo imponerte nada. Ni reprocharte nada. Ni intentar que hagas o dejes de hacer nada que no quieras hacer.

De la misma forma, tú no me lo puedes hacer a mí.

Punto.

No puedo exigirte que creas en algo en lo que yo no creo, no puedo pedirte que pienses como yo, ni que hagas lo que yo quiero que hagas.

De la misma forma, tú no tienes ningún derecho a imponerme, exigirme o pedirme nada si yo no quiero hacerlo libremente.

Ahora sólo tenemos que extender este derecho universal al resto de las personas que nos rodean, y al resto de las personas del resto del mundo.

Dar y recibir respeto. Esa es la única exigencia.

Si todos hacemos lo mismo ya tenemos el primer pilar de nuestra alianza.

La segunda condición indispensable es la garantía de unos mínimos económicos a nivel mundial.

Para poder crear un sentimiento mundial que permita crear una alianza de este nivel debemos garantizar el sustento económico de cada ciudadano de este mundo.

¿Cómo podemos los ciudadanos de los países ricos plantear siquiera la idea de un diálogo cuando las naciones más desfavorecidas enfrentan problemas terribles para sus sistemas y sus ciudadanos?

¿Cómo puede empezar un diálogo serio sin tratar en primer lugar de solucionar los problemas de alimentación, guerra e inseguridad de tantos cientos de millones de ciudadanos del mundo?

¿Quién va a querer entrar en una alianza arbitraria que no se plantea en términos de igualdad?

Para poder crear esta Alianza, este Diálogo, debemos erradicar aranceles, sin dejar de proteger a nuestros agricultores, pero sin olvidar la igualdad de relaciones, debemos encontrar otras formas de alimentar al complejo militar-industrial, quizás redirigiendo sus inversiones hacia otras áreas. Debemos, en definitiva, plantearnos seriamente resolver los problemas que aquejan a tantos países del mundo.

¿Y cual es el premio?

¿En qué consiste esta Alianza de Civilizaciones, tan despreciada por algunos, y tan deseada por otros?

Para mí, es el principio de un mundo donde la libertad de los ciudadanos sea absoluta. Donde nadie deba dejar de hacer nada que quiera hacer, o se vea obligado a hacer algo que no quiera hacer.

Donde las culturas se mezclen, se complementen y se enriquezcan libremente, mirando y celebrando el futuro y respetando el pasado y las tradiciones.

Un mundo donde las religiones se respeten, donde sus creyentes comprendan que la verdad de cada corazón, de cada fe, no puede chocar con otras fes y creencias, sino alegrarse de que cada punto de vista enriquece nuestro patrimonio cultural.

Pienso en un mundo donde las culturas hindú, japonesa, islámica, china, cristiana, occidental, latina, nórdica y todas las que han bendecido este mundo con su presencia, crezcan, y se enriquezcan las unas a las otras, creando nuevas culturas, nuevas posibilidades y una riqueza cultural sin parangón en nuestra historia.

Esta Alianza implicaría que cada uno de nosotros podría llevar su propia vida sin interferencia de nadie, que nuestra libertad personal se vería aumentada por el aumento de la libertad en el mundo.

Conllevaría un crecimiento de cada cultura, para que alcanzase su máximo potencial, su máxima capacidad de desarrollo.

Sólo de imaginarla riqueza que surgiría de ese respeto, de esa celebración de la diferencia, de esa mezcla basada en el respeto, me embarga una gran emoción.

Porque no sólo crecería la economía, ni la cultura, sino que aumentarían nuestros derechos, nuestras posibilidades, nuestras experiencias y nuestro conocimiento del universo, y de nosotros mismos.

Prosumismo

Abril 11, 2007 at 9:37 pm | In General | 1 Comment

Quienes me conozcan no se extrañarán por “oírme” hablar una vez más de mejorar el mundo.

Quienes no, se extrañarán, pero siempre es bueno que los compañeros se conozcan un poco más. En estos días en los que el mundo está más necesitado que nunca de toda ayuda que cualquiera de nosotros podamos proporcionarle, me gustaría comentarios una idea que he leído en un libro de Alvin Toffler, La Revolución de la Riqueza.

Se trata del término prosumismo.

Esta palabreja deriva de los términos producción y consumismo, y no es otra cosa que todo aquello que nosotros realizamos en nuestro beneficio, el de nuestra familia u otras personas sin recibir recompensa monetaria por ello. Ejemplos de prosumismo podrían ser cuando hacemos una comida para la familia, cuando organizamos un torneo deportivo, cuando usamos nuestro ordenador para analizar moléculas que podrían servir como terapia contra el cáncer, cuando colaboramos con una ONG, cuando cuidamos a nuestro sobrino, cuando educamos a nuestro hijo.

Todas estas acciones tienen en común que son beneficiosas para la sociedad, y sin embargo no tienen ninguna contraprestación monetaria, ni la esperamos. Cada uno de nosotros, cada día, realiza un sinfín de tareas y acciones que aumentan el prosumo, y por lo tanto, la riqueza social. Preparamos la cena para nuestra pareja, escribimos una carta al ayuntamiento para que arreglen una acera, cuidamos nuestras plantas, instalamos un panel solar, reciclamos, pintamos cuadros, actuamos en grupos musicales de barrio, escribimos, acudimos a certámenes de cuentacuentos o de teatro, jugamos en equipos de fútbol, hacemos páginas web…la lista es interminable. Cada una de estas acciones ayuda a enriquecer el mundo, y a mejorarlo.

No somos conscientes de ello, pero todas esas cosas que hacemos para nuestro propio beneficio, o el de otros, son una aportación al mundo que ayuda, paso a paso, a mejorarlo. Es por lo tanto posible que, sin saberlo, cada uno de nosotros, dentro de nuestras capacidades, este colaborando para que el ser humano consiga un mundo mejor, más rico, menos violento, más humano.

Lo hacemos con tareas a las que no prestamos atención, ni le damos importancia, pero que, sumadas todas, tienen un impacto muy importante en el mundo.

¿Cómo sería el mundo sin algunas ideas que comenzaron como prosumo y luego han pasado al mundo de la empresa como Google, Microsoft, Linux, Boinc o SETI? ¿Cómo sería el mundo si los padres no se responsabilizasen de educar a sus hijos, si los ciudadanos no reciclasen, o no colaborasen entre sí sin esperar nada a cambio?

¿ Y si no se mantuviesen páginas web de forma altruista? ¿no sería el mundo mucho más pobre sin Wikipedia, sin cientos de miles de páginas webs, blogs, foros y programas creados, mantenidos y desarrollados por gente de todo tipo?

¿Os imagináis nuestra sociedad sin la presencia de Médicos del Mundo, Intermon Oxfam, Adena, Greenpeace y las miles de ONG´s y fundaciones que se nutren del trabajo de millones de voluntarios? ¿O sin el creciente número de ciudadanos que adquieren coche híbridos, más caros pero menos contaminantes, o que instalan paneles solares, aíslan sus casas o simplemente ahorran energía y agua? ¿Y todos aquellos pintores, escultores, escritores, actores aficionados que, en sus ratos libres aumentan el patrimonio artístico de la Humanidad?

La suma de todas estas acciones tiene un impacto tremendo en nuestra sociedad. Y de ellas somos responsables cada uno de nosotros.

Además, la riqueza proporcionada por cada uno de nosotros para nuestros seres queridos y para el resto de la sociedad va en aumento. La llegada de Internet y otros cambios tecnológicos lo han acelerado.

Allí donde la economía “real” es lenta en adaptarse a los cambios, la economía prosumista los adopta con velocidad. Así, conceptos como el tiempo, el espacio y el conocimiento están sufriendo cambios profundos en su concepción y en el uso que de ellos hacemos. Cada uno de nosotros somos conscientes de estos cambios, y hacemos uso de ellos en nuestra actividad “altruista”.

Hoy en día es posible multiplicar el conocimiento, dice Toffler, el recurso más valioso, sin que nadie se vea perjudicado por ello. La energía, las materias primas, el trabajo, son recursos escasos que, además, sólo puede usarse en un lugar a la vez. Pero el conocimiento puede crear riqueza, y mejorar nuestra sociedad en múltiples lugares.

Los problemas a los que se enfrenta este mundo son cada vez más complejos, y requieren de cada uno de nosotros que aportemos, más que nunca, nuestro granito de arena para ser solucionados.

 Cuando alguno de nosotros dice que no puede hacer nada, que nosotros no podemos hacer nada, me gustaría que pensásemos en todas y cada una de estas cosas que, unidas, mejoran el mundo.

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