La difusión del conocimiento económico
Mayo 15, 2007 at 2:25 pm | In Finanzas | No Comments| La difusión del conocimiento económico | ![]() |
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| Escrito por Francisco Agenjo para Red Economía Crítica | |||
| martes, 31 de octubre de 2006 | |||
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El conocimiento está cambiando, el acceso a nuevas tecnologías, y la difusión de la riqueza está permitiendo un cambio radical en la forma en la que las personas se acercan al conocimiento. Y el económico no es una excepción. Podría incluso llegar a decirse que, salvando las distancias, la democracia ha llegado a la economía de forma que cualquier ciudadano puede comprender los fundamentos básicos de la economía y el mundo de la empresa. Todos contemplamos cómo multitudes crecientes se lanzan a invertir en Bolsa, bonos o todo tipo de bienes. Los diarios económicos y las revistas de empresa y gestión, han acercado a nuestros quioscos lo que antes no era sino un arcano misterioso reservado para unos pocos. Incluso la televisión intercala ahora noticias económicas con las habituales de deportes, internacionales y políticas.
Más que eso, esta democracia, que no carece de riesgos, permite a un particular invertir en la Bolsa de Japón, en materias primas en Rusia o saber de antemano cuando van a subir o bajar los precios de los inmuebles. El gobierno debe proteger a los pequeños inversores, velando por la transparencia de unos mercados y una competencia que, en su mayoría de los casos, son imperfectos, y en casos extremos, inexistentes. Es aquí donde el Estado adquiere mayor relevancia en esta nueva “democracia económica”, velando por los ciudadanos, y adquiriendo un papel fundamental en el acceso a la información y oportunidades económicas y la protección de todos los ciudadanos frente a quienes mantienen dicha información como su bien más preciado. Paradójicamente, es el Estado tan repudiado en el paradigma liberal, el necesario protector de la transparencia de los mercados, frente a quienes juran y perjuran defender la libertad, pero impiden la necesaria formación económica del pueblo. Por último, decíamos que esta democratización económica poseía algunos riesgos porque a pesar de todos nuestros conocimientos al respecto, el ciudadano de a pie no puede competir en información, influencias y oportunidad con los grandes gestores de fondos y, en ocasiones, se producen situaciones en las que inversores particulares pierden sus ahorros por malas prácticas o un mal momento económico o bursátil. ¿Significa eso que debemos alejarnos de estas prácticas y que debemos dejar la economía a los expertos, a los brokers y a los empresarios? Al contrario. Estas situaciones se producen porque nuestros conocimientos no son todavía completos (ni tan siquiera profundos), pero sí lo suficientemente aproximados para comenzar a entender, en la mayoría de los casos, el funcionamiento de mercados y empresas. La democracia económica exige que todo el mundo pueda poseer, si lo desea, información suficiente como para valorar una inversión, montar una empresa o lanzar un proyecto. Lejos de lo que las mentes que propugnan un paradigma liberal, pero erigen barreras de entrada a los pequeños inversores y a que estos adquieran los conocimientos necesarios en este tema, los gobiernos deben velar porque la información financiera fluya en mayor medida hacia los ciudadanos. Y por mejorar el acceso a los canales de inversión e información que garanticen la igualdad de todos a la hora de valorar, y aprovechar una oportunidad de inversión, de negocio o de crear riqueza para ellos y para sus semejantes. Y por añadidura, los ciudadanos debemos adquirir una mayor formación en estos temas, aumentar nuestros conocimientos e interés por algo que, a falta de un sustituto por el momento, mueve el mundo. La economía. |
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La independencia
Mayo 5, 2007 at 8:13 am | In General | No CommentsLa independiencia de las personas con discapacidades no se va a lograr, como pretende hacernos creer la campaña de publicidad que llevó a cabo en Madrid Esperanza Aguirre, con el fin, imagino, de resaltar que mientras el Gobierno lanza una Ley de Dependencia, ella apuesta por la independencia.
Y digo campaña de publicidad porque como suele ser habitual en algunos políticos, sus intenciones suelen terminarse allí donde terminan los carteles que las anuncian.
Pero este quiere ser un artículo constructivo, así que obviaremos esta parte del razonamiento, que nos llevaría a cargar contra el Gobierno de
la Comunidad de Madrid, y vamos a centrarnos en aspectos positivos como
la Ley de Dependencia (Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia y a las familias) y su extensión.
Y digo extensión, o ampliación, porque a pesar de lo ambicioso del proyecto, que en el año 2.015 pretende haber aportado más de 12.600 millones de Euros para ayudar a 1.300.000 personas en esta situación), a pesar de ello, nos queda mucho camino por recorrer.
Quienes critican la intervención del Estado en estos temas (y en todos) deberían intentar entender la situación de unas familias que deben afrontar sin medios económicos o humanos situaciones que requieren su sacrificio personal.
Estas personas, millones sólo en España, sacrifican gustosos su tiempo, sus trabajos y sus ilusiones por sacar adelante a familiares, hijos y seres queridos, y lo hacen sometiendo sus estructuras familiares a una tensión que muchas veces las rompe.
Quienes dicen que cada uno apechugue con lo que tenga, y que el Estado no debe intervenir, ni aportar dinero o recursos de todos para estas situaciones, deberían pasar por una de estas situaciones. Cualquiera que hasta el momento no hubiese desarrollado la sensibilidad necesaria para entender esta solidaridad, cambiaría inmediatamente de opinión si viviese una situación como la que he podido comprobar estos días.
Con vuestro permiso, voy a poneros un ejemplo que he comprobado de primera mano. El de las familias con un miembro con Síndrome de Angelman.
Para entrar un poco en antecedentes, el Síndrome de Angelman es un trastorno genético que impide el desarrollo normal, mental y motor, de un niño.
El trastorno mental severo, que impide una evolución mental más allá de los cuatro años, viene acompañado de crisis epilépticas, trastornos del sueño, incapacidad de hablar y problemas para desplazarse por hipertonía o hipotonía muscular.
En el día a día, significa cuidar y convivir para siempre con un niño incapaz de comunicarse verbalmente, con frecuentes trastornos nocturnos y del que hay que estar pendiente, en muchos casos, todo el tiempo.
En España existen unos 200 casos, uno de cada 25.000 niños, por lo que no hay ninguna esperanza de tratamiento, investigación o medicamento serios que vayan a mejorar la calidad de vida a corto plazo.
En muchos casos, como sucede con Síndromes como Autismo, el de West o el más conocido Down, la carga termina por destruir la unidad familiar. En el mejor de los casos, uno de los progenitores dejará su trabajo para poder dedicarse a cuidar de su familiar.
Normalmente la familia y los amigos no son de ninguna ayuda, excepto tal vez, los más cercanos. Y siempre queda planeando, sobre el futuro del niño, qué sucederá cuando no haya nadie para cuidarle.
Todo esto es lo que
la Ley de Dependencia contribuirá a mejorar.
La existencia de centros de día, de teleasistencia, de profesores y profesionales ayudará a las familias que no pueden permitirse un colegio o un internado privados.
Pero se debe ir más allá de este primer paso.
Por ejemplo, el Estado debe asegurar la existencia de colegios específicos, no de integración, sino de educación especial. Integrar suena muy bonito y muy bien, pero para ello, deben garantizarse unas condiciones que no se dan a día de hoy.
Un profesor específico para ese niño además del profesor que hay en clase, que debe atender a los otros 25 ó 30 niños, un respeto inculcado a nuestros hijos hacia quienes son diferentes, y unos medios que los colegios de integración no tienen.
Por ello es imprescindible que el estado garantice a estas familias el acceso a colegios de educación especial, así como la existencia de residencias especializadas que les acogerán cuando les falte su familia, y, cuando sea posible, profundice todavía más en la inserción laboral en aquellos casos que sea posible.
Los recursos del Estado no son infinitos, pero desde
la Izquierda, y desde cualquier posición ideológica que se preocupe por el futuro de estas personas, y de otras muchas situaciones similares, debemos intentar que los medios a su disposición existan, y asegurarnos de que también cale en la voluntad política la necesidad de encontrar estas soluciones que tienen un objetivo último.
Garantizar la seguridad, la salud y los medios de vida a las personas más desfavorecidas.
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