La supremacía de Occidente

Septiembre 16, 2007 at 12:00 pm | In Economía, Política Internacional | Leave a Comment

Quizás debería decir, la supremacía anglosajona, o estadounidense, pero hay que reconocer que su filosofía económico-social ha alcanzado a todo el mundo occidental (Europa, Japón, y ahora Rusia y otros países del mundo), creando un reflejo social y un entramado empresarial y político que hoy día definimos como Occidente.

Para quienes comprendemos que la política internacional ya no se hace en los gabinetes de gobierno, en las reuniones de líderes políticos internacionales, ni en los parlamentos de las naciones y supranaciones (como la ONU y la UE), es preocupante el poder que están alcanzando las organizaciones empresariales, puntas de lanza de una minoría de personas que, cada vez más, dirige los designios mundiales.

La lucha contra un sistema tan desigual pasa por dar riqueza a los pobres, reducir las desigualdades, eliminar la pobreza y defender (ya no digo “aumentar”) los derechos de los ciudadanos de TODO el Mundo.

Numerosas facciones han emprendido una lucha contra un sistema cada vez más inhumano, encarnado en el liberalismo económico, y representado por las empresas internacionales, principalmente occidentales.

No debemos olvidar que, en el otro lado de la balanza, los sistemas autoritarios de todo tipo (político, militar, religioso o ideológico) no representan una salida para los millones de ciudadanos empobrecidos.

Debemos, por lo tanto, encontrar una manera de revertir la caída hacia el liberalismo salvaje que se ha emprendido en Occidente y en zonas como el Sudeste Asiático, sin caer en la tentación de renunciar a nuestras libertades tan duramente ganadas.

Para ello, es imprescindible comprender lo que no han entendido casi ninguno de los grupos que luchan contra este liberalismo, y contra este sistema depredador que representa el “modelo americano”.

Quizás, para entender la fortaleza de la ideología liberal, debemos mirar no hacia el otro lado del Atlántico, sino hacia nuestra propia orilla. Europa.

Europa, hace una década, estaba llamada a ser el contrapeso de USA en un nuevo orden multipolar. La debilidad europea (no me cabe duda que alimantada por las maniobras estadounidenses, que tan bien conocimos en España de la mano de Aznar)  se asoma en nuestars divisiones internas, nuestra pobre, casi nula, política exterior, y nuestra debilidad económica.

Y es que es aquí donde radica el mayor fallo de todos los intentos de superar a Estados Unidos, en la creación de riqueza.

El sistema capitalista no posee la exclusividad en la creación de riqueza. A pesar de los numerosos fallos cometidos, y de las atrocidades, el sistema soviético transformó un país empobrecido, atrasado y rural, cola de Europa en 1.914 y derrotado por Alemania en 1.917 y por Japón poco antes, en una de las dos potencias mundiales, a pesar de ser el país que más sufrió durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, es de rigor reconocer que hasta ahora el capitalismo es el sistema que más riqueza ha sabido crear. Ayudado por gobiernos sensatos, ha logrado llevar esa riqueza a muchos de los ciudadanos de las naciones que se regían por ese modelo.

Observo con preocupación como el contrapeso del Estado se va reduciendo paulatinamente, de la mano de unas hábiles jugadas políticas y usando como excusa temas como el medio ambiente, el terrorismo, la crisis de la Seguridad Social, la inmigración, etc.

Este hecho no es algo aislado, sino una inercia que se extiende por todo occidente, quizás, apuntan algunos, impulsada por organismos como Bilderberg.

El hecho es que, mientras las prestaciones sociales disminuyen, el Estado reduce su peso en el conjunto del poder mundial, y las empresas campan por sus respetos, el iudadano medio del mundo cada vez es más pobre en comparación con la riqueza que el mundo genera.

Es decir, aunque hay más riqueza,  bienes y servicios, el acceso a éstos es más limitado para una gran mayoría de las personas.

Este hecho se intenta disfrazar con estadísticas y con créditos que han llevado al sobreendeudamiento a naciones enteras. Pero lo cierto es que, continentes enteros han sido abandonados a su suerte por el mero hecho de que no cuentan con un mercado que dé beneficios.

Entonces, si el sistema liberal capitalista posee tan enormes defectos, ¿por qué es tan adaptable y duradero? Es una pregunta que se hacen desde ecologistas a economistas de izquierda y teóricos anarquistas.

El motivo no es otro que el que ya apuntábamos. No hemos sabido diseñar otro sistema que sea capaz de crear más riqueza y al tiempo repartirla entre todos los ciudadanos.

Vale que el capitalismo es injusto, y poco igualitario, pero con el simple contrapeso de un Estado fuerte puede lograr inmensos avances para los ciudadanos.

Con la redución del Estado, la explosión del prosumismo (entendidoéste como los que cada uno de nosotros producey consume duera del mercado monetario) y el aumento de las desigualdades, el liberalismo como sistema dominante tiene los pies de barro.

Pero para que caiga, lejos de violencia sin sentido, es imprescindible que encontremos una forma de creación de riqueza que lo supere, y que, por definición, sea más igualitaria que él.

No me cabe duda de que habrá oposiciones dentro de los grandes magnates de las empresas, perder su oligopolio no debe ser plato de buen gusto.  Un ejemplo, la inmensa reserva energética que posee el mundo en forma de radiación solar, energía eólica, maremotriz y biomasa.

Bien administradas, éstas y otras fuentes, en pocos años podrían aumentar enormemente nuestras disponibilidades energéticas. Pero las inversiones, si bien han ido creciendo de la mano del aumento del precio del petróleo, se han demostrado claramente insuficientes y limitadas, tanto a nivel privado como público.

Este panorama podría cambiar fácilmente con inversiones adecuadas, y una política de distribución más libre, pero el sistema actual no lo permite.

Es sólo un ejemplo, pero que nos sirve para demostrar que, ante este sistema que pone la generación, la distribución y el uso de energía (riqueza) en manos de unos pocos, encontra un sistema que permitiese aumentar la cantidad de energía a nuestra disposición de forma barata llevaría a la caída de los grandes monopolios.

Lo que no entienden ni comunistas, ni anarquistas, ni ecologistas, ni islamistas, ni ninguno de los autoproclamados enemigos del liberalismo, es que para cambiar este sistema debemos, no sólo poner en evidencia sus fallos, sino idear uno mejor.

Y eso pasa por aumentar la riqueza mundial y por repartirla mejor.

Eso no se consigue sólo con manifestaciones, páginas web de denuncia ni con medios violentos.

Eso se consigue, simple y llanamente, poniéndose a trabajar en aumentar la riqueza a disposición del pueblo (material e inmaterial), y, sobre todo ideando nuevos sistemas de creación de la misma que puedan ser utilizados por todos.

Hasta no llegue el día en que un ciudadano tenga el mismo poder económico que una empresa, a la hora de ofrecer productos y servicios,  el liberalismo será netamente superior a otars ideas y, por lo tanto, el sistema dominante.

Quienes lo sufriremos seremos la gran mayoría de la población mundial.

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