Vivir sin miedo
Junio 16, 2008 at 6:12 pm | In Política |No es tarea fácil vivir una vida sin miedo.
En Occidente nos habíamos acostumbrado a vivir pensando que esto era jauja. Confíabamos en que nuestros políticos, nuestras empresas, nuestros jefes, nuestra familia solucionasen todos los problemas que surgiesen y que nuestro derecho de nacimiento no nos otorgase ya de por si.
Creíamos que, por el hecho de ser nosotros, nos correspondían todas las cosas que la vida pudiese ofrecernos, y que nuestros esfuerzos debían ser inversamente proporcionales a nuestra grandeza, que era mucha.
Creíamos que la ciencia nos ofrecería respuestas sin peligro a nuestras preguntas (véase el LHC y cómo desoyen las advertencias de los ciudadanos), que la medicina nos traería la cura a todo lo que nos aquejase, que nuestra sociedad del ocio sería eterna, y que nuestra economía nos daría los recursos para todo aquello que deseásemos probar o experimentar.
Y ahora resulta que no, que la ciencia sólo es segura si se establecen mecanismos de control, que la economía no era tan robusta como parecía, ni nuestros trabajos tan permanentes, que nuestras ciudades no son tan seguras y nuestros sueldos tan holgados cuando nos suben los tipos de interés, los precios de los alimentos y el petróleo.
Ahora resulta que los ciudadanos hemos descuidado el control de aquellos a quienes pagamos para que velen por estas cosas.
Hemos dejado hacer a políticos, empresarios, sindicatos, científicos y autoridades médicas y nos encontramos una educación deficiente, una sanidad pésima, un estado atado de pies y manos para endeudarse cuando bajan sus ingresos, e incapaz de garantizar una competencia entre empresas, al mismo tiempo que entrega en bandeja los derechos de los ciudadanos.
Nos hemos dormido en los laureles de 12 años de abundacia, nos hemos ablandado, y ahora despertamos con miedo. Y los culpables de ese miedo (que en cierta foma somos todos y cada uno de nosotros), en lugar de agachar la cabeza, entonar un mea culpa, y ponerse manos a la obra para solucionarlo, tratan de echar balones fuera y culpar al petróleo, a la crisis alimentaria y al sursum corda si hiciese falta.
Es más, llegados a este punto, quieren aprovechar el miedo para garantizar sus prevendas, sus derechos, aunque esto limite aún más los derechos ciudadanos.
¿Derecho a trabajar sólo 40 horas y cobrar un sueldo digno? Para qué dirían algunos, la vida está muy dura. Quizás esos algunos deberían probar a trabajar primero las 40 horas que deberían.
¿Derecho a ser felices? Pero si el ser humano ha venido aquí a sufrir…
Vemos la política del miedo instaurarse en todas partes, muchas veces de forma intencionada. Observamos a quienes deberían velar por la seguridad fomentar el miedo, a quienes deberían comprender que la gente pobre, los ciudadanos, lo están pasando mal, exigir medidas para que suba la luz sin mover ni un dedo por cambiar el modelo energético. Vemos como nos cobran un canon por comprar móviles, cuando los móviles han caído en sus ventas por primera vez en la historia. Contemplamos como el crimen sube y quienes pagan sus consecuencias son los que menos tienen, porque quienes más poseen tienen seguros, pero el ama de casa a la que roban el bolso esa sólo tiene bocas que alimentar.
Todo el mundo que lea esta página sabe que me declaro de izquierda, que creo y lucho por la igualdad de los ciudadanos y los pueblos, por un mundo sin hambre, rico y próspero en igualdad para todos.
Por eso me duele tanto ver cómo la izquierda y la derecha se esfuerzan tanto y por igual por vendernos lo invendible. Que trabajar 65 horas hará que conservemos nuestros trabajos, o que abrir las tiendas 365 días al año va a solucionar todos nuestros problemas de consumo, como si creyesen engañarnos sobre quienes van a ser los verdaderos beneficiados de medidas como ésta.
Se nos llena la boca con innovación y desarrollo tecnológico, pero somos el país más atrasado de toda Europa en muchos ámbitos tecnológicos, y no destacamos en ninguno de ellos, a pesar del esfuerzo que nuestros científicos realizan cada día con pocos medios y menos apoyos.
Eliminamos la tarifa nocturna perjudicando a millones de familias, sacando miles de millones de euros cada año de sus bolsillos y dándoselos a los que más tienen.
Quizás sea nuestra labor desde la izquierda recordar a nuestros políticos, sean del signo ideológico que sean, que están ahí para preocuparse menos de sus necesidades, o de los miembros y miembras (y que cada uno disfrute de unos o de otras según la naturaleza y sus posibilidades le permitan), y preocuparse un poco más de nuestras necesidades. O al final van a tener que preocuparse de verdad de nosotros.
Porque les pagamos para algo, no para incluir palabras en el diccionario, o para pelearse por ver quien sucede a quien (y nos cuestan mucho dinero), porque no se puede consentir, ni a nivel estatal, ni autonómico, ni europeo, ni local, que sean sólo los ciudadanos los que carguen con los costes de la miopía inducida duante años por nuestros responsables, y que sean los más necesitados quienes paguen las consecuencias con la destrucción del Estado del Bienestar.
Aquí estamos todos en el mismo barco. Trabajadores, empresarios, políticos, personas no trabadoras, estudiantes y jubilados. Extranjeros, nacionales o nacionalizados. Gente de derecha y de izquierda, y de centro y de más a la izquierda o a la derecha.
Aquí estamos todos juntos esperando ver a alguien dar el primer paso, y mirando qué podemos sacar. A lo mejor, si nadie arrima el hombro realmente, y sólo nos ponemos bonitas medallas y limitamos nuestra colaboración a palabras tan hermosas como éstas, puede que, al final, Europa (y de paso muchos países mediterráneos, americanos, asiáticos y africanos) se vaya a tomar por saco. Primero por la parte de los más, no me cabe duda, pero tampoco sería de extrañar que esta situación terminase afectando a todo el mundo.
Veríamos, así, retroceder no sólo el estado del bienestar, sino la riqueza acumulada por nuestra sociedad, la destrucción del patrimonio acumulado por generaciones, la ayuda al desarrollo. Terminarían en fracaso las políticas de erradicación de la pobreza, y nadie estaría a salvo de las consecuencias de algo así.
Así que, cuando veo, escucho o leo las noticias, una sonrisa amarga cruza mis labios. Porque cada estupidez, cada acto de desesperación, cada accidente, cada despreocupada dejadez, cada mentira o engaño, cada crimen, no hacen sino poner más clavos en nuestro ataud. En el de todos, sin excepción. Y el que se crea a salvo de todo esto será el más perjudicado, porque le pillará por sorpresa.
Hasta el punto que llegue un momento no muy lejano es que ningún esfuerzo pueda evitar que entre todos hayamos matado la esperanza de un mundo sin miedo. Y peor, que cada uno de nosotros haya matado su propia esperanza y sus sueños.
Sin comentarios todavía »
Redifusión RSS de los comentarios de la entrada. URI para TrackBack.
Deja un comentario
Blog de WordPress.com. | Theme: Pool by Borja Fernandez.
Entries and comments feeds.