Las Siete Llaves

Prólogo

Carlos Nova levantó la mirada, silencioso, mientras su mujer caminaba hacia la puerta. El sonido del timbre había roto su hora diaria de meditación en el único jardín oriental que debía existir en todo el país.
Hizo acopio de paciencia y tranquilizó su pulso, esperando para ver quien llamaba a la puerta de su hogar.
Su mujer abrió la puerta, que se veía desde el patio interior de jardín, y aunque no pudo oír lo que decían, debió ser importante, porque franqueó el paso a quien había llamado. Era un hombre alto, vestido con un traje negro y que traía un sobre en la mano.
Carlos se comenzó a imaginar el motivo de la urgencia que había perturbado su retiro de cinco años. El hombre avanzó hacia él y sin decir nada le entregó el sobre lacrado con el sello del ayuntamiento de su ciudad.
Lo abrió un poco nervioso, mientras su mujer le ofrecía al mensajero algo de beber comer. Éste se negó, observando atentamente el rostro de Carlos mientras leía. Al rato, éste levantó los ojos de la carta, y se dirigió a su mujer.
- Ya ha empezado, yo tenía razón. Tengo que marchame. No me esperes a cenar.
- Una limusina le espera en la puerta de entrada, Sr. – dijo el hombre que le esperaba pacientemente.
Y así fue como todo empezó.

La Reunión

El Ayuntamiento había cambiado desde que él lo dejó hace tres años. Se había reformado, ampliado, y ahora todo parecía mucho más lujoso. Menos austero, como le gustaban a él las cosas.
El lema con el que había ganado la alcaldía por tres veces consecutivas, antes de retirarse, había sido: La Riqueza en las calles, no en el Ayuntamiento

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El ujier le abrió la puerta de la sala de plenos, donde una inmensa mesa de roble presidía la habitación, pero él siguió caminando en dirección al verdadero centro de decisiones del ayuntamiento, la sala que se encontraba tras ella. Comunicada con el despacho del Alcalde, y de los demás concejales, por un estrecho pasillo, ahí se realizaban las sesiones que decidirían el destino de la ciudad en los próximos años.

Al entrar en ella Carlos pudo observar un grupo de personas reunidas en torno a una mesa ovalada. Algunos de ellos les conocía en persona, su sucesor en el partido, miembros de empresas prominentes de la ciudad, presidentes de las asociaciones de comerciantes, el actual alcalde, del partido rival.
Sin decir más que un lacónico “hola” se sentó en el único asiento vacío de la mesa. No hacían falta presentaciones ni preámbulos.

- Ha ocurrido Carlos, tal y como nos advertiste – dijo el presidente de su antiguo partido, amigo personal. - Nos enfrentamos al desastre social, al económico.

- Está ocurriendo a nivel estatal, pero cada palo que aguante su vela, yo lo que quiero es que no siga ocurriendo en mi ciudad – dijo el alcalde, un hombre de grandes influencias en política nacional al que se le había pasado su hora y que se conformaba con gobernar una gran ciudad como ésta.

A Carlos nunca le había gustado, lo veía como alguien que se iba a preocupar más por afianzar su poder que por el bienestar de sus ciudadanos, y bajo su punto de vista así había sido. Pero no era hora de recriminar nada, sino de ponerse manos a la obra.

- Lo primero, que quede claro, - dijo – que esto no es para favorecer a ningún partido, empresa o grupo de poder. Si me decido a ayudaros es por una razón, porque no creo que el ciudadano de a pie, a pesar de cómo suele comportarse, deba pagar el pato de este embrollo que hemos montado.

>> Como todos sabréis, yo me retiré debido precisamente a que ninguno de vosotros quisisteis tomar medidas para atajar este desastre cuando estábamos a tiempo. Ni comerciantes, ni industriales, ni políticos, ni constructores, ni sindicatos. Todos me disteis la espalda. Pero eso no importa. No importa quien gobierne, ni quien vaya a gobernar, ni quien dirija el país. Lo importante es parar esto. Si estáis todos de acuerdo mañana a la misma hora nos encontraremos aquí mismo, y os diré lo que haremos. Si no, me marcharé y os dejaré con vuestros problemas hasta que os ahoguéis.
Todos los presentes asintieron. Sólo el alcalde dijo algo.

- Estamos de acuerdo, ya lo habíamos hablado – su voz sonaba desesperada – mañana estaremos aquí. Nosotros sólo queremos saber cómo detenemos la bajada de los precios de la vivienda.

 

La Burbuja Inmobiliaria

 

Esa misma mañana, como habían prometido, todos estuvieron allí. Se jugaban más de lo que nunca habían imaginado perder, así que harían lo imposible por asistir. Dueños de promotoras importantes, asociaciones de comerciantes y empresarios, sindicatos, concejales, partidos políticos, asociaciones de vecinos.

En total, quince personas, todas ellas preocupadas por el pinchazo de lo que se dio en llamar burbuja inmobiliaria, pues veían esfumarse de la noche a la mañana todos sus sueños de prosperidad y riqueza.

Todos esperaron a que se hubiese sentado, y no quiso hacerles esperar.

- Muy bien, haré un pequeño resumen de la situación, aunque creo que todos la conocen de sobra.

Carlos consultó sus notas.

- Bien, hará cosa de dos meses se constató oficialmente que los precios de la vivienda habían descendido a nivel nacional. El descenso era mucho más acusado en algunas ciudades que habían sufrido grandes procesos urbanísticos. Esos dos meses han bastado para que la idea de que las viviendas pueden bajar de precio cale en los compradores, quienes han detenido completamente la adquisición de vivienda tanto nueva como de segunda mano.

- No sólo el sector de la construcción y la promoción está afectado, Carlos – dijo Alberto de Palacios, uno de los promotores más importantes de la zona. – El sector de servicios a la construcción también se ha detenido, así como las fábricas de ladrillo, cementeras, metalúrgicas y demás, están notando el parón. De momento, aguantan con otros negocios, pero…

…pero – continuó Carlos – durante cinco años el mayor motor del crecimiento, y el mayor cliente para todas ellas era la construcción residencial. Y ahora no pueden reaccionar para ajustar su oferta y atraer nuevos clientes. Dicho en palabras llanas, les habéis hecho vuestros cautivos y ahora compartirán vuestro destino.

- Los bancos también lo vamos a pasar mal, Carlos – quien así hablaba era el director de la sucursal del Banco Económico Exterior. – La subida de tipos ya nos ha hecho mucho daño, aumentando nuestro índice de morosidad, y cargando nuestros balances. Imagínate el pánico que ha cundido estos dos últimos meses. Si los precios de las viviendas caen, y los tipos de interés suben, llegará un día o muy lejano que le gente no querrá para una hipoteca por una casa que no vale lo que tiene que pagar.

- Los comercios también se resienten – era el turno de quejarse del presidente de la asociación de comerciantes de la ciudad, que además lo era de la Cámara de Comercio. – el efecto riqueza negativo ya empieza a afectar a nuestros negocios. La gente se ve con menos dinero, además, su casa vale menos, por lo que no compra, ahorra todo lo que puede, y eso afecta al comercio y a la industria…

- Y además, ven peligrar sus empleos, - le interrumpió el representante del sindicato – porque demasiados trabajos dependen de la construcción.

- Y eso detiene más todavía el consumo. No sabemos cómo romper el círculo vicioso.

- ¿Y si prueban buscar otros mercados donde vender? – preguntó Carlos conociendo de antemano la respuesta.

- Imposible, a corto plazo. Nos hemos dedicado demasiado a vivir del tirón de un sector además, nuestros precios no son competitivos, y nuestra productividad es pésima. Pero no nos atrevemos a apretar más las tuercas a nuestros trabajadores.

- Sería un suicidio – dijo el alcalde, - si la gente ve que puede perder su empleo, que su casa no vale lo que paga y que su hipoteca sube al tiempo que baja su sueldo y su tiempo libre, bueno, no nos atrevemos a imaginar qué pasará.

- Se enfrentarían a la destrucción de su sistema productivo, - puntualizó Carlos – perderían no sólo su fuerza laboral, sino que tendrían que afrontar la quiebra del sistema bancario, el cierre de numerosos comercios e industrias.

- Tiene que idear una forma de evitarlo, - le suplicó Ricardo, su delfín en el partido – esto va más lejos de intereses partidistas. Ocurre en todo el país, en ayuntamientos gobernados por coaliciones de toda ideología y color.

- No me preocupa es, Ricardo, me preocupa que seáis vosotros quienes no comprendáis el alcance de esto. Que sigáis con vuestros juegos de partido y que todo al final no sirva para nada, como lo que soléis hacer.

- Carlos, - dijo el alcalde – le puedo asegurar que no es así. De verdad, creo hablar por toda la población de la ciudad. Sólo díganos cómo mantener el precio de nuestras casas, nuestros trabajos y nuestros negocios.

- Muy bien – Carlos pareció satisfecho, y sacó un papel del bolsillo interior de su chaqueta. A continuación se puso en pie, y caminó hacia el tablón de notas del extremo de su habitación. Después, escribió esto una fórmula.

 

Pv = Vv + Vz + Vp

 

La Fórmula del Valor

 

- He estado pensando toda la noche, y al final creo haber encontrado una posible solución. Desde luego no será fácil, pero si todos cumplimos nuestro papel lograremos que el período de descenso de precios de la vivienda dure sólo un par de años, en lugar de seis o siete como he calculado. Además, sus efectos serán mucho más suaves si conseguimos ejecutar bien este plan de choque.

 

Esta fórmula que he escrito:

 

Pv = Vv + Vz + Vp

 

 

Es ni más ni menos que la expresión del precio de una vivienda, tal y como yo lo veo, y como lo puede ver la gente de la calle.

 

“PV” es el precio de la vivienda, y éste se compone de la suma de tres factores, de tres valores. “Vv” el Valor material de la Vivienda, es decir, los metros cuadrados habitables, trasteros, garajes, materiales de construcción, si está bien aislada de ruidos y cambios de temperatura, si posee calefacción, etc.

Este es el valor que la mayoría de la gente dice mirar a la hora de adquirir una vivienda. Un matrimonio recién casado estudia los planos de su futuro hogar, piensa en las habitaciones de los niños, piensa en si van a pasar frío en invierno y calor en verano. Pero también piensa en otras cosas, es ahí donde entra el valor de la zona (Vz). Esa misma pareja recorre la zona, observa el estad de las calles, de los parques, de los transportes. Este análisis no es tanto racional como más emocional e intrínseco. No es como mirar los metros de la casa y decir, sale barato o caro, sino que esos otros factores que rodean a la vivienda son los que les ayudan a decidir si la adquieren o no. Que esté cerca de la familia o del trabajo, que haya colegios, guarderías, cines, teatros, comercio.

Pero además de esos dos valores, hay una tercera fuente de valor. Las expectativas personales presentes, y sobre todo futuras. Es decir, la idea de que mi casa va a valer más en el futuro me lleva a adquirirla hoy, no sólo para ahorrarme ese incremento de precio, sino también para aprovecharme de esa subida de precios. Quienes más se fijan en este tipo de valor son las personas que la compran como inversión, y también cuentan en la ecuación.

- Así – continuó Carlos ante la atenta mirada de los demás – que lo que tenemos es lo siguiente. El precio de mi casa se compone del valor de la casa, más el valor de la zona, y un cierto valor añadido porque pienso que en el futuro la casa y la zona valdrán más o menos.

>> Si se dan cuenta de ello, verán que el valor que ha variado en este último año y que ha influido en los precios de las viviendas ha sido el valor personal, pues se ha convertido en negativo. Es decir, hemos convertido lo que era un valor añadido en un lastre para nuestra ecuación.

Todos asintieron a medida que las matemáticas de la fórmula iban calando en ellos, y la iban comparando con la realidad diaria.

- ¿Cómo ha pasado esto? Bueno, por la concurrencia de varios factores. Subidas de tipos de interés, que han hecho aumentar el precio de la vivienda, mientras que el valor futuro no ha aumentado en la misma proporción, exceso de oferta, y, no lo neguemos, por favor, una pizca de especulación.

Algunos de los presentes iban a protestar, pero una mirada de sus compañeros les disuasión de interrumpir a Carlos.

- Pero si volvemos de nuevo nuestra atención a la fórmula del valor de la vivienda, podremos analizar la situación actual. Vemos que el valor personal ha cambiado, que el valor de la zona se ha ido degradando en algunos barrios, aunque eso no ha influido mucho, y podemos descartarlo como factor clave por el momento, y que el valor de los hogares, aunque con el tiempo ha ido disminuyendo, en los últimos cinco años su empeoramiento tampoco ha sido significativos.

- Entonces, - dijo Alberto Palacios – nos estás diciendo una obviedad, que los pecios bajan porque la gente cree que van a bajar, por lo que no lo compra.

- Sí, pero si te hubieses fijado bien, hubieses visto que en esta misma fórmula está la solución a tus dilemas, querido Alberto.

Se hizo un inmenso silencio en la sala, mientras los presentes miraban la fórmula para ver esa maravillosa solución que Carlos les anunciaba. Ninguno dijo nada.

- No os extrañe no encontrarla, como todas las ideas, suele estar a la vista de todo el mundo, y ser absolutamente simple, pero nadie la vez hasta que alguien dice cual es, y entonces todos caen en la cuenta de que efectivamente, estaba ahí.

Las quince personas sentadas alrededor de la mesa ovalada le miraban como si estuviese loco, pero ninguna se atrevió a decir nada. Él había convertido esta ciudad en lo que era. De un pueblo de pocas decenas de miles de habitantes a la mayor ciudad de la región. Y lo había hecho con una mezcla de ideas innovadoras, buena mano izquierda y mucho trabajo.

- Está bien, yo os lo diré. Si no podéis actuar para aumentar el valor personal futuro que la gente le da a las viviendas, tendréis que actuar sobre lo que sí podéis hacerlo. El valor materia de las viviendas y el de la zona donde se edifican.

Y acto seguido, Carlos metió una mano en su bolsillo y sacó siete llaves de metal, grandes, de diversos colores y las alineó en la cabecera de la mesa.

 

Las Siete Llaves

 

- Esto son, queridos amigos, las siete llaves que os permitirán detener el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Cada una representa un área importante para la gente, y esas áreas son las que le dan valor a los hogares.

Carlos colocaba las llaves perfectamente alineadas mientras continuaba hablando.

- Actuando sobre cada una de ellas, en la medida de las posibilidades de cada uno, podréis evitar que los precios de los pisos sigan cayendo, y que afecten más todavía a la economía de la ciudad.

- ¿Qué significan esas siete llaves, Carlos? – dijo Ricardo. – me temo que eres demasiado críptico para mi.

- Bien, mira. Cada una de estas llaves representa un concepto, una forma de dar valor a la zona o a la vivienda. La llave verde, por ejemplo, es la llave de la Naturaleza. Los ciudadanos valoran el medio ambiente, no es lo mismo vivir en la sierra, que en una ciudad repleta de humo y suciedad. Es cuestión de salud. Si actuamos mejorando el medio ambiente y las disponibilidades de ocio al aire libre en nuestra ciudad y alrededores, tendremos que nuestros hogares habrán aumentado algo su precio. La suma de estos pequeños aumentos de precio será, con mucho, muy superiores a lo invertido en ello. Con lo cual, habremos conseguido un efecto multiplicador positivo que detenga un poco el descenso de los precios.

- ¿Y las demás llaves? – le preguntó el presidente de una asociación de vecinos del barrio.

- La roja es la llave del transporte. La azul la de la cultura, la amarilla, la de los servicios, la blanca, la de la convivencia, la dorada, la del comercio, y la plateada, la de los hogares.

- Interesante, - dijo el alcalde. – por favor, Carlos, explícanos más, te lo ruego.

- Lo haré, pero permitidme que lo haga mañana. Mañana os explicaré lo que podemos hacer con la primera de las llaves. Creo que basta por hoy, todos tenéis cosas importantes que hacer. La ciudad no puede detenerse.

 

La llave de la Naturaleza

 

 

A la mañana siguiente empezaron temprano. Todos estaban ansiosos por ver cómo esas siete llaves podían arreglar a situación en la que se habían metido. El problema era mucho mayor de lo que había descrito Carlos, muchísimo mayor.

No sólo se enfrentaban a un crack bancario y comercial, sino que la industria misma estaba en un grave peligro por la concurrencia de varios factores. La competencia internacional se había agravado en los últimos años en los que el país al completo se había dormido en los laureles de la construcción. Todo era mucho más difícil, y más complejo.

El paro aumentaría en todos los sectores, la riqueza de las familias se hundiría, y los impagos de los préstamos hipotecarios crecerían hasta quebrar el sistema financiero, arrastrando las bolsas, los planes de pensiones, los fondos de inversión, la inversión extranjera. Todo.

Ese era el miedo. La oportunidad, si conseguían evitarlo, un sistema productivo y social más equilibrado, y más sostenible a largo plazo.

Ahora, cuando la anarquía les miraba a todos y a cada uno de ellos, el miedo que sentían no les había dejado ver una salida que Carlos les había mostrado. Ahora, se aferrarían a lo que fuese con tal de mantener el sistema en funcionamiento. Pero por bien que sonase, querían saber en qué consistía el plan que tomaba la ridícula representación de siete pequeñas llaves.

Carlos entró por la puerta, y todos le atendieron. Después de unos breves saludos, sacó la llave verde de la chaqueta y comenzó a hablar.

- La Naturaleza es un valor añadido que debemos aportar a nuestros ciudadanos – dijo -, no sólo en el plano de ofrecer más parques y mejor cuidados, sino que la ciudad al completo debe revestirse de una etiqueta verde. Los valores en el mundo actual se pagan bien, y el marketing social y medioambiental debe trascender de las grandes empresas y ser adoptado por las ciudades. En el futuro, una ciudad ecológiamente sostenible atraerá a un número de personas mucho mayor que una que no lo sea. Y dispuestas a pagar más por su casa.

Gestos de asentimiento recorrieron la sala.

- Sobre todo si su hogar está bien aislado del frío y el calor, si posee placas solares y otros dispositivos que reduzcan el consumo de agua y de energía. Podemos encontrar ciertas reticencias en el sector energético, que perderá parte de su facturación en los hogares, pero creo que podemos argumentar que otras de las medidas que tomaremos crearán más empleo, más comercio y más industria, por lo que la demanda de energía crecerá. Sobre todo la de generación ecológica.

- Nuestro ayuntamiento siempre se ha preocupado por el medio ambiente, nuestras cifras de reciclaje…

- Son insuficientes, además de desconocidas para el público en general. Los contenedores no llegan a todo los barrios, y parte de lo recogido se pierde irreversiblemente. El reciclaje es una fuente de ingresos para los ayuntamientos, ahorra agua y energía, así como materiales de los que el país carece, y que debemos importar a precios desorbitados.

- ¿Propones entonces – preguntó un constructor a que no conocía en persona – que las viviendas que hagamos tengan placas solares y muros aislantes de mejor calidad? Eso elevaría los costes y reduciría nuestro margen.

- Un margen que a día de hoy es inexistente, y que en pocos meses, puede llevar a muchos de ustedes a la ruina. Así que creo que si es necesario, se puede sacrificar un uno o un dos por ciento del margen del 25% que estaban obteniendo hasta ahora.

- Creo que lo resistiremos.

- Lo harán, porque a cambio la gente percibirá que recibe más de lo que recibía antes pagando lo mismo, y esa es la clave para que los precios se mantengan.

>> Pero no debemos limitarnos sólo a las viviendas nuevas que se están construyendo en la actualidad, sino que debemos ofrecer subvenciones y ayudas para quienes quieran reformar su casa haciéndola más ecológica, instalando paneles solares, o aislando techos y paredes. También deberemos acometer las acciones de las que hablamos al principio. Reformar los parques y las calles para que ofrezcan una imagen de ciudad sostenible, saludable y un lugar ideal en el que nuestros hijos crezcan.

>> Y atraer a nuestros polígonos empresas de reciclaje, especialmente, depuradoras de agua y plantas de tratamientos de residuos procedentes de la construcción. Eso ahorrará una gran cantidad de material que iría a parar a los vertederos, liberando espacio favoreciendo el medio ambiente, y aumentando la disponibilidad de zahorra y otros materiales, por lo que los costes de construcción se reducirían.

De nuevo, los presentes asintieron.

- Podríamos arreglar los bosques del sur para que la gente pueda realizar excursiones. Y llegar acuerdos con otras ciudades y pueblos vecinos para conseguir lanzar un área de ocio entre todos. Un gran bosque, por ejemplo, que en cinco o seis años sea un lugar seguro para pasear las noches de verano, o para ir a correr en otoño. Estoy hablando de hectáreas de terreno que ustedes querrían utilizar para edificar viviendas así que sean conscientes de lo que les pido.

- Nos pide mucho, que reduzcamos nuestro margen, que limitemos es espacio que tenemos para edificar. Que subvencionemos reformas en las viviendas de segunda mano.

- Y les pediré mucho más. Es la única forma. Durante un año o dos no tendrán beneficios, pero si todo sale bien, en un par de años los precios volverán a estabilizarse, y ustedes podrán volver a ganar dinero. Parte del esfuerzo inversor deberán hacerlo ustedes, sí, pero también hay parte que deben realizar los propios vecinos, y el Ayuntamiento. A eso llegaremos más tarde. Este será un esfuerzo de todos, se lo aseguro.

- Muy bien continúe, por favor.

- Además de lo que les he comentado, se podrían organizar otras actividades relacionadas con el medio ambiente, excursiones concertadas a la sierra, la creación de una granja escuela en el bosque, pero de eso también hablaremos otro día.

>> Lo que quiero que comprendan hoy es que nuestra ciudad, y las de los alrededores, pues en este barco estamos todos, debe atraer a la gente para vivir en ella. Deben percibir que vivir aquí no será simplemente comprar un piso, pagarlo durante cuarenta años, ir a trabajar a la otra punta de la Comunidad y salir a los centros comerciales a comprar o a comer.

- Eso es básicamente lo que los seres humanos hacemos.

- No, eso es básicamente lo que dejamos que la gente pueda hacer. Y así nos ha ido. Las ciudades se perciben básicamente como una carga que debe soportar el ciudadano. En cuanto podía se iba a vivir a un chalet al campo, pero hasta ese modelo está ya agotado. Ahora debemos convertir las ciudades en modelos ideales a los que la gente pueda aspirar. De eso trata la próxima llave.

 

La llave de la Cultura

 

- Al igual que la ecología es un valor añadido que nos traerá riqueza y bienestar, la Cultura también ayudará a que los ciudadanos perciban que merece la pena vivir en nuestras ciudades, y por lo tanto, que nuestros hogares poseen un mayor valor que el de otras ciudades.

- ¿Otras ciudades? Estamos todas igual.

- Sí, pero si acometemos las reformas y los cambios que estamos discutiendo, nuestra ciudad, y la de los alrededores que nos sigan, tendrán una ventaja competitiva sobre el resto de las que no lo hagan.

Carlos miró al Alcalde y a su compañero de partido.

- Esto ya no es un juego individual en el que nos basta con atraer empresas y la gente comprará lo que se edifique. Ahora necesitamos pelear por cada familia que venga aquí, y por retener a las que ya están. Es algo que no puede hacer una ciudad sola sino que debe asociarse con las de su entorno, y tampoco debe olvidar que hay otros grupos de ciudades en todo el territorio nacional que querrán hacer lo mismo. Si la gente pierde su trabajo, o no puede pagar su casa, ¿cuánto tardará en mudarse o en volver a sus lugares de origen? ¿Qué clase de desórdenes sociales se producirán si la situación persiste más allá de un año o dos? Recordemos lo que pasó hace poco en Argentina, nosotros podemos enfrentar una situación, si no igual, sí comparable.

- Hablaré con los alcaldes de los alrededores, sin importar de qué partido sean, y les expondré nuestras conclusiones cuando hayamos terminado. Creo que puedo garantizar que todos estarán ansiosos, si no de colaborar, sí de escuchar lo que tenemos que decirles.

- Con eso bastará, de ellos dependerá que se sumerjan más en la crisis o que consigan salir de ella. Quienes pagarán sus errores serán sus ciudadanos, y ellos, en las urnas. Permítanme introducir el tema que representa esta pequeña llave – dijo sacando una pequeña llave azul del bolsillo.

- La Cultura.

- Así es. Otro pilar importante de nuestro plan para convertir nuestra ciudad en un lugar al que la gente pague por venir a vivir.

>> La ciudad tiene que ofrecer una alternativa real al ocio tradicional que ha imperado hasta ahora. Los partidos de fútbol, la televisión y los bares deben seguir existiendo, y mejorarse de ser posible, pero debemos potenciar otras formas de ocio que también atraen a los ciudadanos. El teatro, deportes como la natación, baloncesto, ciclismo, exposiciones, museos. Cada faceta de la cultura debe contar con nuestro apoyo, y debemos establecer una red de locales, casas de cultura, bibliotecas, casas regionales y centros cívicos que se coordinen entre sí. Se deben crear convenios para traer exposiciones a la ciudad, talleres de cocina, lectura y escritura, de pintura, así como competiciones deportivas variadas, mercados de todas partes del mundo.

>> La cultura debe calar en los ciudadanos, desde niños, con actividades dedicadas a ellos, e ir creciendo en importancia con la colaboración de todos. Y ahí es donde le pido a usted – dijo dirigiéndose al representante de las asociaciones de vecinos – que nos apoye. Estas actividades han existido siempre en las ciudades, pero los ciudadanos deben implicarse para darles su apoyo, para organizarlas y acudir a ellas.

- Lo harán.

- No hable tan rápido de lo que hará la gente o no. Piense en los tiempos que vienen, más trabajo, menos sueldo, más horas extras. No creo que mucha gente quiera dedicar su tiempo a acudir a talleres punto, o de inglés.

>> Y además, está el tema del ocio de pago. Si creamos una alternativa a su oferta, puede que les quitemos clientes y agravemos su situación, así que deben comprometerse en el plan. Deben ampliar su oferta de ocio y cultura. Quizás ofreciendo noches de cuentacuentos, o de humor en vivo, actuaciones, exposiciones de pintura, ofertas complementarias que les diferencien unos de otros, que les hagan más atractivos y en definitiva que les ayuden a sobrevivir.

- Haremos lo que podamos, pero necesitaremos la ayuda del Ayuntamiento y de los ciudadanos – dijo el presidente de la Cámara de Comercio de la Ciudad – organizar ese tipo de eventos no es barato, a menos que contemos con la colaboración de ciudadanos desinteresados que lo hagan junto con nosotros.

- Lo harán, - volvió a decir la asociación de vecinos – todo el mundo tiene una afición, y le gusta expresarla. Quizás no sea fácil por lo duro de la situación económica, pero si los ciudadanos ven que el Ayuntamiento lo apoya, y que estamos trabajando por su bien, lo harán. Aunque debemos explicárselo de forma clara y directa. Para que no haya malentendidos.

- Muy bien , - terminó Carlos – mañana veremos cómo puede el Comercio mejorar la situación inmobiliaria y económica de la ciudad. Les emplazo mañana a las nueve en este mismo lugar.

 

La llave del Comercio

 

La reunión empezó como solía hacerlo, todos esperaban a Carlos y éste, sin más preámbulos, sacaba una de las llaves y comenzaba a explicarles sus ideas. A veces, iban dirigidas a alguno de los presentes, que era quien más podía hacer en esa situación y esa área, otras, dirigidas a todos ellos, pues se requerían acciones globales para ponerlas en práctica.

- ¿Qué tenemos hoy, Carlos?

- Comercio. Comercio y riqueza, dijo dirigiéndose al representante de la Cámara de Comercio y la Asociación de comerciantes.

- Estupendo – dijo éste.

- Como sabréis, - empezó Carlos haciendo caso omiso del cometario – uno de los mayores valores que puede tener una ciudad es su comercio. No voy a entrar en polémicas sobre si los centros comerciales destruyen empleo, o utilizan técnicas de competencia desleal, pero sí que me permito recordarles que tanto los pequeños comercios como las grandes superficies están viendo disminuir alarmantemente sus ingresos. Y los verán bajar más en los próximos meses si no colaboramos todos.

- Eso está claro.

- Bien. Entonces centrémonos. Lo que queremos es mejorar el valor que aporta el pequeño y gran comercio a los ciudadanos para que se sientan más cómodos, para encuentren más zonas de ocio, para que trabajen más cerca de casa. Y digo esto, porque aunque el comercio es vital, también lo son los cinturones industriales. No sólo se trata de revitalizar las tiendas, sino crear un tejido productivo a nuestro alrededor que permita que los ciudadanos trabajen cerca de casa, les deje más tiempo para el ocio, para disfrutar de la familia, de los amigos, y de la ciudad.

- ¿Cómo lo hacemos?- preguntó el alcalde.

- Primero el comercio. Debe ayudarse al pequeño comercio a sobrevivir y mejorar. Tanto el que está en la calle como el que está en las grandes superficies debe contar con los medios necesarios para poder adaptarse a los nuevos tiempos.

>>Lo primero de todo, debería proporcionarse formación gratis a cada dueño de un local en marketing. Un par de días al mes. Bastaría para hacer cursos especializados por tipo de comercio que les proporcionasen ideas sobre cómo mejorar sus tiendas, sus mercancías, la decoración, sus productos. En definitiva, debemos enseñarles a añadir más valor a sus productos sin incrementar el precio, y de tal forma que el ciudadano lo perciba así y s encuentre más a gusto.

- Eso no es difícil, a través del ayuntamiento y la asociación de comerciantes se pueden organizar…

- Sí, de hecho, ya lo hemos hecho.

- Sí, pero se ha hecho de forma dispersa, puntual. De lo que yo hablo es de formar a miles de personas para que mejoren sus escaparates, su marketing a pie de calle.

- ¿Y ya está?

- Ni mucho menos. Además de eso, desde el ayuntamiento debe iniciarse una campaña de limpieza y lavad de cara de las calles. Las calles, para que la gente se sienta a gusto comprando deben de lucir perfectas, y seguras. No es suficiente con que los escaparates sean bonitos. El comprar debe convertirse en un placer. Y ahí es donde entra la tercera pata de este plan. Debemos adaptar los locales para modernizarlos y hacerlos más atractivos.

- De eso podemos tomar ideas muy buenas de otros lugares, como París, Londres, Madrid.

- No creo que la situación económica permita que nuestros comerciantes hagan ese esfuerzo económico suplementario – dijo el representante de la Cámara de Comercio.

- Pues tendremos que animarles a hacerlo. Los bancos aquí presentes deberán otorgar créditos a tipos de interés preferenciales, avalados por el ayuntamiento. Préstamos a todo aquel comerciante que lo solicite, y que esté dispuesto invertir parte del dinero de la reforma. A cambio, recibirá un préstamo del que no podrá disponer en efectivo, sino que se gestionará desde una agencia del ayuntamiento y de la que sólo se podrá extraer dinero por parte de los proveedores que hayan realizado la reforma. Es decir, ese dinero sólo saldrá de la cuenta para pagar el 60% de la reforma. El otro 40% lo deberá desembolsar el propietario. Evidentemente, los casos de fraude deberán perseguirse para evitar que destruyan nuestros esfuerzos.

- No es mala idea, pero sigo sin ver claro que tal y como están las cosas la gente vaya a invertir en un comercio que puede tener los días contados.

-Subestimas dos cosas, - aseveró Carlos – la primera, el espíritu emprendedor de la gente. La segunda, su amor a sus negocios. Muchos lo tienen desde hace décadas, y lucharán por conservarlo. Sobre todo si el Alcalde apuesta por ayudarles después de tanto tiempo dejándoles a merced de las grandes superficies.

Carlos miró fijamente al Alcalde, que le contemplaba en silencio. – Lo haré, - dijo. Contarán con el apoyo del Ayuntamiento, y no sólo como avalista, sino que crearemos una agencia de apoyo al pequeño comercio. Formaremos empleados, les ayudaremos a adaptarse a las nuevas tecnologías.

- Me alegro de que comentes ese punto, porque también ahí tenemos que tomar medidas. Debemos hacer que los comercios tengan también un reflejo en Internet. Debemos ayudarles a tener su propia web, a atender peticiones por correo electrónico, a servir peticiones de todo el país. Y para ello, lo mejor, es asociarse. Programar portales de compra que puedan ofrecer catálogos variados, en los que los ciudadanos hagan una sola compra en varias tiendas y crear infraestructuras para que se la puedan llevar a casa. Es la única forma de competir que tienen.

- Yo hace poco que estuve París, dijo el presidente de una asociación de vecino, y me llamó mucho la atención que los comercios se agrupen en algunas calles o zonas. Lo mismo pasa aquí pero en menor medida. Si pudiésemos hacer lo mismo, agrupar comercios similares en algunas calles, y otros de otro tipo en las adyacentes, sería mucho más accesible el ir de compras. Se podrían aprovechar los beneficios en común de atraer un público determinado. Y con mejores soluciones de trasporte podríamos crear una vasta red de comercios que revitalizase todas las calles de la ciudad.

- Muy buena idea, - aseguró Carlos – si la cosa funciona, cada tienda terminará por especializarse en llegar a un segmento de clientes determinado. Se especializará más y más, mejorando la oferta, añadiendo valor, creando empleo y riqueza. Y no sólo para la ciudad, sino que se podrán servir pedidos al resto del país. Pero también eso será difícil, pues tenemos que crear los contactos logísticos y la red de proveedores adecuada. No es algo que se pueda hacer desde nuestra posición, cada comerciante debe buscarse los suyos, pero debemos enseñarles a hacerlo, a hacer que sus tiendas no solo sean especiales, sino que los productos que venden también lo sean.

>> Y luego está la industria. Durante años se ha potenciado el sector servicios y la construcción, pero hemos desindustrializado nuestras ciudades. Si queremos que nuestros ciudadanos sean felices, y eso es condición indispensable para que sigan viniendo y comprando viviendas, debemos ofrecerles puestos de trabajo en la industria, y cerca de casa. No sólo la creación de parques tecnológicos, sino también mejorar las infraestructuras de transporte que conecten los polígonos, y debemos dotar a nuestros ciudadanos de una formación adecuada para ocupar puestos de más valor, que sean competitivos internacionalmente.

- También podemos crear un plan de subvenciones y becas para aumentar la formación en las áreas que nos hagan falta, y para ampliar el acceso a Internet en los hogares.

- Ummmm, no está mal, pero tenemos que decidir qué tipo de ciudad queremos ser. Yo apostaría por un desarrollo futuro en nuevas tecnologías, haría un convenio con la Universidad, y empezaría a planificar ya el futuro desde ahora. Quizás no nos ayude a sortear esta crisis, pero sí servirá para que la siguiente no nos pille tan desprevenidos.

Carlos hizo un parón, meditando sobre todo lo que habían hablado, y paredón llegar a una conclusión.

- Bueno, eso es suficiente. Ya habéis comprendido la importancia del comercio ara dotar a nuestras ciudades de vida, y así mantener el valor de nuestros hogares. Es sólo una pata más, pero sin ella, todo el plan se vendrá abajo. Continuaremos mañana.

Y sin decir nada más, se marchó.

 

 

 

La llave del transporte

 

Todos discutían animadamente. Ese día, la reunión parecía tener una ambiente distinto, más jovial, como si los presentes pudiesen ver, después de mucho tiempo, una salida a su situación.

- …no estoy de acuerdo, el transporte debe de ser una prioridad, no algo secundario, - decía alguien.

- Sí, pero no cualquier transporte, sólo los que ayuden a garantizar el tejido productivo y la conectividad entre polígonos y centro comerciales.

- Ese – interrumpió la grave voz de Carlos – es uno de los errores que se han cometido. Las grandes infraestructuras de transporte se han realizado para conectar, en muchos casos, los centros residenciales con las grandes superficies comerciales. En otros, los polígonos industriales o tecnológicos, y casi siempre por carretera, olvidando el transporte público. Se ha favorecido una política de movilidad basada en el automóvil.

- La gente de la industria tiene que vivir de algo…

- Y lo hará, pero no a costa de sacrificar la movilidad de quien no tiene coche. Debemos potenciar las líneas de autobuses, tren y metro. Reforzaremos el número de servicios, reformaremos las estaciones para hacerlas lugares agradables, donde el ciudadano pueda comprar el periódico o lo que sea, antes de ir a trabajar, o al centro comercial.

- Ya existen muchas así.

- Sí, pero debemos ir más allá, debemos garantizar que en toda estación o parada que posea una cierta afluencia hay un quiosco, un bar o una panadería cerca. Si podemos, incluso en los polígonos. No hay imagen más triste que la de un polígono semiabandonado. Debemos desterrar estas imágenes de nuestras ciudades, y construir, más que polígonos, parques empresariales. Con la plantación de árboles, la mejora del pavimento, de la seguridad, podemos conseguir que la gente que trabaja ahí lo haga más a gusto. Lo haremos poco a poco, pero es necesario que dotemos de infraestructuras de ocio y servicio a nuestro tejido productivo, y para que eso sea una realidad, debemos mejorar el transporte público para que la gente acuda a disfrutar de esas infraestructuras.

- ¿Gente normal yendo un domingo a un polígono?

- ¿Por qué no? Pongamos piscinas cubiertas, o un pequeño centro comercial al que la gente quiera acudir, balnearios urbanos, o tiendas de outlet, lo que haga que los polígonos recuperen la vida.

>> Señores, lo que yo veo es una ciudad que se mueve, que disfruta de todas las alternativas de ocio y servicios. No quiero que haya ni un solo rincón de esta ciudad, o sus alrededores, a la que la gente sienta rechazo al ir. No quiero que se asocie nuestra ciudad a un polígono abandonado donde nuestros ciudadanos van a dejarse ocho horas de trabajo. Quiero que al salir de ahí, - su discurso se parecía mucho a los que le levaron a la alcaldía hace ya tanto tiempo – vayan a un gimnasio, o a recoger a sus hijos de la guardería que está a pocos metros cruzando la calle, y que el fin de semana, cientos de jóvenes acudan a alguna discoteca de moda, a patinar o jugar al baloncesto.

Hizo una pausa para que sus ideas calasen en los contertulios.

- Y eso pasa por que el transporte no se limite exclusivamente a construir carreteras. Debemos fortalecer el transporte público, y convertirlo e una experiencia agradable y barata.

- ¿Tal y como están los precios de los combustibles?

- Sí, a pesar de eso. Quizás utilizando autobuses de hidrógeno, tranvías o biodiesel, pero sea como sea, cuando aumente el número de personas que viajan en ellos, recuperaremos los costes de la inversión.

>> Pero no debemos limitarnos sólo al transporte interno. También debemos mejorar las comunicaciones con las ciudades de nuestro alrededor, crear una infraestructura de transporte que permita a nuestros ciudadanos disfrutar de todo aquello que nosotros no podemos ofrecerles, excursiones de senderismo, esquí, lo que sea. Debemos hacer que la gente que vive aquí sea feliz, porque si no, no querrán hacerlo. Y para todo ello es imprescindible contar con un sistema público y privado de transportes que les de la posibilidad de hacerlo.

 

La llave de los servicios

 

Carlos continuó hablando, después de haber convencido a los prohombres de la ciudad de que era necesario un sistema de transportes integrado que pensase en el ciudadano, además de hacerlo en la industria y el comercio.

- Como extensión de esta política, me gustaría añadir que es imprescindible que la mejora en los servicios públicos se extienda a todas las áreas – añadió mirando al Alcalde.

- Explíquese, por favor.

- Sé que el presupuesto está muy ajustado. Ahora que no pueden usar los impuestos generados por las nuevas viviendas, dado el parón inmobiliario, tendrá que aumentar la deuda del Ayuntamiento hasta que haya una época de bonanza que permita volver al déficit cero. Si lo hacemos bien, esa época llegará en dos años como mucho, y esto sólo habrá sido un susto.

>> Pero para ello, debo recordarles nuestro objetivo, debemos incrementar el valor de las viviendas para que los ciudadanos estén dispuestos a pagar más por ellas. Y otra forma de hacerlo, en combinación con las que ya hemos hablado, es creando unos servicios públicos de calidad. No sólo en lo tocante a la cultura y transportes, sino también a Sanidad, a educación, a seguridad…

Esta vez se dirigió al Concejal de Seguridad.

- Si conseguimos disminuir la delincuencia de manera significativa en relación a otras ciudades, eso será visto como un valor añadido para venir a vivir aquí. Quien no va a pagar más por una vivienda si sus hijos van a poder disfrutar de las ventajas del ocio que ofrecemos sin preocuparse de que les ocurra nada malo, si los niños pueden jugar en el parque hasta el anochecer, o si ellos mismos pueden dejar sus hogares en vacaciones con la seguridad de que no se van a encontrar una desagradable sorpresa a su vuelta.

>> Si además les garantizamos una atención médica adecuada y rápida para ellos y para sus familias, en comparación con otros lugares de la nación, con otras ciudades, ¿cómo no van a ver que sus pisos valen más? Díganos, Sr. Ledo, como representante de las asociaciones de vecinos, ¿qué querrían tener?

- Bibliotecas, salas de ordenadores gratuitas y con conexión a Internet…

- ¿Y cursos de formación para usarlas para aquellos que no sepan hacerlo?

- También.

- ¿Qué más? – le dijo Carlos pidiendo que continuase.

- Centros donde los padres puedan reunirse para discutir sobre sus hijos, asesorados por pedagogos expertos, lugares para desintoxicación, ofrecer más alternativas de ocio a nuestros mayores.

- Reforzar, en definitiva, el sistema de asistencia pública que tenemos ahora. Invertir más. Y yo iría más lejos, recordemos lo que dijimos de la limpieza de las calles y los parques. Y lo que acabamos de decir de la seguridad y el transporte. Añadamos las recomendaciones del Sr. Ledo y quizás empecemos a tener un nuevo elemento diferenciador de nuestra ciudad.

>> Por descontado que esto costará dinero, pero ahora es el momento de que el Ayuntamiento invierta para detener la recesión, y debe hacerlo según un plan organizado. No a lo loco. Este puede ser el plan que necesiten, piénsenlo.

- Por favor, no volvamos comos siempre a discutir si el déficit cero es bueno, o malo, o si el sector público es más ineficiente que el privado – dijo el Presidente de la Cámara de Comercio.

- No hay nada que discutir – dijo Carlos – creo que es evidente que el sector privado no es capaz de salir de este atolladero por si solo. Así como el sector público tampoco puede arreglarlo. Lo que debemos conseguir es una combinación de políticas que creen valor, que creen mercados sin mucha intromisión pública, pero también un conjunto de medidas que garanticen una protección al ciudadano y que nos hagan diferentes de otras ciudades. No se trata de discutir sobre paradigmas económicos, sino sobre qué tenemos que hacer para nuestra ciudad valga más. Y para ello el Ayuntamiento debe hacer lo que hemos dicho, y hacerlo de forma eficiente, sin dilapidar el dinero, porque si no, tendrá que subir los impuestos, y eso iría en contra de lo que intentamos conseguir.

- Muy bien, fortalecer el sector público y los servicios que prestamos a los ciudadanos, ¿qué más?

- Eliminar burocracia en todas las áreas, mejorar la eficiencia de nuestros funcionarios, ellos también deben arrimar el hombro. Crear ventanillas rápidas para atender todo tipo e problemas, desde los ciudadanos, a las empresas. Y fortalecer la presencia de la administración en Internet. Visito regularmente la web del ayuntamiento y es penosa, exactamente igual que la del resto de municipios.

>> Creo que con esto se pueden hacer una idea de esta fase del proyecto. Y yo empiezo a tener hambre, así que si me disculpan, continuaremos mañaña.

 

 

 

 

La llave de la convivencia

 

Ese día tocaba la llave de color blanco, que representaba la convivencia.

- Es el penúltimo pilar en el que debe asentarse el proyecto – decía su voz.

La verdad es que habían sido varias sesiones muy duras de trabajo, que no acababa cuando se terminaban las reuniones. Por las noches, en casa, ponía en orden las ideas de los expertos que cada tarde consultaba. Hasta altas horas de la noche no podía concitar el sueño, pensando en una forma de llevar adelante el proyecto que salvaría la ciudad que él había ayudado a levantar.

La codicia, la imprevisión, y el ignorar voluntariamente las leyes del mercado, habían conducido a su ciudad a una situación de quiebra en la que no sólo sufrirían las empresas, sino también los ciudadanos de a pie. Aquellos mismos que hace años juró proteger, y que según su código particular, seguían cubiertos por la promesa que les había hecho, aunque ya no estuviese en el cargo.

No le importaba que también se beneficiasen de sus esfuerzos aquellos que les habían metido en ese pozo, lo único que le importaba era que tenía que ayudar a sacar a su gente de él. Y no se le ocurría otra forma mejor que la que estaba exponiendo a aquellos hombres. Desterró estos pensamientos de su mente y continuó con su exposición.

- El esfuerzo les corresponderá esta vez a todos, pero sobre todo, a los vecinos y a las fuerzas de seguridad. Debemos garantizar que la convivencia en nuestra ciudad está libre de tensiones graves. Debemos encontrar un modo de que la gente que vive aquí no sufre las tensiones que están sufriendo en otros lugares.

- ¿Y qué propone?

- Lo primero, pedirle a la gente, desde las instancias públicas y asociaciones de vecinos, un poco más de respeto para todo el mundo. Debemos explicarles que la convivencia pasa por respetarnos todos, y establecer modelos de comportamiento, basados en las leyes, que sean respetados por todos los ciudadanos. Además de esta buena voluntad que espero cale en la gente, aunque no pondría la mano en el fuego por ello, debemos garantizar que esa convivencia se lleva a cabo de forma tranquila. No podemos recortar la libertad del pueblo, pero tampoco podemos permitir abusos como los que se hacen.

>> En mi opinión, hay conductas intolerables que no se pueden consentir por miedo a que se nos acuse de represivos. De la misma forma, hay conductas que no nos podemos permitir aunque nos creamos justificados a realizarlas, por mucho que nuestro interés sea el bienestar público.

- Estaríamos bailando en una cuerda muy fina.

- Sí, es curioso cómo las partes económicas de nuestro proyecto apenas causan oposición entre nosotros, pero cuando se tocan temas más morales el miedo nos sobrecoge. La solución es muy sencilla, hagamos respetar la ley, y respetémosla nosotros. Hagamos que sean los propios vecinos quienes eduquen mejor a sus hijos, quienes ayuden a integrarse a los inmigrantes que ahora son también ciudadanos nuestros, así como a las minorías desfavorecidas, y prestémosles nuestro apoyo logístico y de infraestructuras para que tengan los medios para hacerlo. Organicemos clases de castellano dirigidas a los inmigrantes, gestionadas por los propios vecinos, talleres de costura, de cocina. Ofrezcamos alternativas de ocio a los jóvenes durante las noches del fin de semana. Abramos los pabellones deportivos, las casas de cultura, las bibliotecas Organicemos jornadas de lectura, de cine, de ciencia ficción, de cualquier cosa que pueda ayudarnos a que nuestros hijos encuentren alguna afición que les enriquezca, y que les enseñe educación.

>> Y lo mismo con el resto de los ciudadanos, hagamos ferias culturales, mercadillos que traigan productos de todo el mundo, ampliemos sus horizontes culturales, ayudémosles a ser felices, a perder el miedo y a respetarse a si mismos y a los demás.

- Eso es demasiado inmaterial para que podamos prometer nada desde el ayuntamiento, piense que las cosas se vana poner muy feas durante un tiempo, y la gente se va a poner muy nerviosa.

- Sí, pero por eso la política de transparencia del ayuntamiento debe ser clara y transparente. Debemos explicar lo que queremos conseguir. Debemos implicarles, hacerles parte del proyecto. Sin ellos, esto no será posible.

>> Es lógico que estén desencantados, trabajan y trabajan para pagar una hipoteca que les durará cien años, eso si pueden pagarla. Y las alternativas que les ofrecemos, de ocio o diversión, pasan por abonar grandes cantidades de dinero casi siempre. Les hemos dejado a su suerte, y ahora les pedimos que arrimen el hombre. Pero lo harán, porque comprenderán, si se lo explicamos, que es bueno para ellos, no sólo para la ciudad.

- Y eso os lleva al último punto. Los hogares.

 

 

La llave de los hogares

 

- Esta llave - dijo sacando la última que le quedaba en el bolsillo – es la llave de los hogares. Hasta ahora casi todo lo que hemos hablado iba destinado a elevar el valor de una de las tres claves del precio de la vivienda. Queríamos elevar el valor de la zona donde se asientan, e valor de nuestra ciudad.

>> Con ésta, lo que debemos hacer – y me dirijo principalmente a los representantes de las empresas promotoras y constructoras, así como al Sr. Concejal de Urbanismo, es aumentar el valor de las viviendas propiamente dichas. Debemos mejorar la calidad de las casas que se edifican, sin aumentar su precio.

- Los márgenes…- comenzó a decir uno de los promotores presentes.

- Sé cuales son los márgenes, y sé que para ustedes supondrá un esfuerzo adicional, pero si todos colaboran, lograrán hacerlo reduciendo mucho el aumento de costes. Si ustedes compran materiales de más calidad, al final, su precio terminará bajando. Al igual que los paneles solares, los proyectos de telecomunicaciones de los edificios y otras muchas mejoras que no se terminan de implantar y que aportan valor al hogar.

>> No es lo mismo comprar una simple casa, que un hogar en condiciones completamente aislado, con materiales de primera, paneles solares que la hacen autónoma más de doscientos días al año, que no va a dar problemas de grietas, que se entrega en el plazo acordado, y que cuenta con piscina, locales para guarderías o reuniones y todo tipo de pequeñas infraestructuras.

>> ¿Qué coste supondrían hacer algo así? ¿un descenso del margen de un 5%? Creo que es completamente asumible. Sobre todo, si pasado un año, o dos, esos costes comienzan a bajar, y la gente percibe todo ello como un valor añadido y está dispuesta a pagar más por esas viviendas. No debemos olvidar que ahora lo que queremos es evitar el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, y que los precios se estabilicen.

Cayó un segundo, esperando que todos comprendiesen lo que les estaba diciendo. No se trataba de ganar más o menos dinero, sino de poder seguir haciéndolo y evitar la quiebra de numerosas empresas.

- Añadiremos a esta mejorada oferta inmobiliaria nuevas fórmulas de financiación, compras por leasing, hipotecas avaladas parcialmente por organismos públicos, e incluso podríamos estudiar refinanciar las hipotecas a un plazo mayor, aunque no soy partidario de legar las deudas a los hijos.

>> Y de cara al futuro unas cuantas recomendaciones. La primera, mejoren la seguridad de los edificios. Hagan más estrictas las revisiones de seguridad y las inspecciones. Construyan edificios más elevados, aunque tenga que modificar la normativa para ello. Hagan hincapié en que estos nuevos rascacielos deben contar con servicios propios, como jardines, piscinas, tiendas, todo lo que convierta un gran bloque de viviendas en un hogar del que sus dueños puedan disfrutar.

Inspiró hondo antes de continuar. Había llegado, por fin, al último mensaje que quería transmitir.

 

 

La conclusión

 

- En definitiva, - continuó Carlos – lo que queremos es crear riqueza en nuestra ciudad. Convertirla, con ayuda de los ciudadanos, los comercios, las empresas y el Ayuntamiento, en un modelo ideal de ciudad. Un sitio al que la gente desee venir a vivir, en el que no haya dos agentes económicos o sociales peleando por unas migajas, sino en el que todos ganemos.

>> Convirtamos nuestra ciudad en un juego de ganar-ganar, no lo hagamos en uno de suma cero. Ofrezcámosle nuestro modelo a otras ciudades de nuestro entorno que estén dispuestas a seguirlo, crezcamos juntos, y juntos podremos salir de esta habitación. Y no sólo eso, sentaremos las bases para un crecimiento futuro mucho mayor, habremos convertido nuestras ciudades en un lugar ideal para vivir, pero también idóneo para hacer negocios. Para promover vivienda, para abrir comercios, para asentar una industria en desarrollo que garantice el empleo. Y, mientras tanto, evitaremos que el estallido de la burbuja inmobiliaria siga progresando.

Y dicho esto, se despidió brevemente y se marchó.

Si le hicieron aso o si prefirieron seguir con su forma de hacer las cosas es algo que no puedo decir, esto es un cuento breve, nada más. Si pasase en la realidad, me gustaría pensar que habría la suficiente cordura e inteligencia como para aceptar estas recomendaciones.

No obstante, para dejar claras las cosas, me gustaría citar una frase de Albert Einstein: “La Humanidad no saldrá de un período de crisis utilizando el mismo esquema de pensamiento que la ha conducido a ella”.

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